miércoles, 24 de octubre de 2012

Ferrol ante dos objetivos irrenunciables


Las cosas han quedado en su sitio, de acuerdo con los resultados electorales, al menos en cuanto se refiere a la ostentación del poder en Galicia que sigue en manos del Partido Popular, concretamente bajo el timón de Alberto Núñez Feijoo. Otras consideraciones ya fueron por mi expuestas en este espacio de las acotaciones, que cada vez más se asemeja a una especie de muro de las lamentaciones, estado de ánimo y crítica sintomáticos de una precaria situación. Una vez dada rienda suelta a la legítima euforia ganadora tiene que llegar la hora de encarar las responsabilidades contraídas durante la campaña electoral, aunque esto de las promesas es un valor en desuso, lamentablemente. Y una vez más quiero romper una lanza en favor de Ferrol y de su comarca, porque Ferrolterra ha sumado una crisis con otra. Cuando todavía no se había resuelto la asignatura pendiente de una frustrada reconversión surgida por decreto del Gobierno de Felipe González en los años ochenta, se nos ha caído encima con todas las consecuencias la de la burbuja inmobiliaria. Se trata de un "doblete" doloroso que puede quedar reflejado gráficamente en este dato. En el año 1981 superábamos en Ferrol los noventa mil habitantes, actualmente somos 73.000, redondeando. Si con esta carta de presentación, los ferrolterreños no somos acreedores a que pongan un especial acento en nuestras necesidades, que baje dios y lo vea. Es de justicia una acción política urgente. Hay dos objetivos perentorios, irrenunciables, colocados sobre la mesa. El dique flotante para convertir los astilleros de la ría ferrolana en un centro de reparaciones navales de referencia y el ferrocarril al puerto exterior para acercar y sacar los productos por tierra. Seguiremos siendo machacones, es la parte que nos toca. De Núñez Feijoo al alcalde Rey Varela, pasando por los diputados de todos los colores que acaban de alcanzar escaño en el Parlamento de Galicia tienen la palabra.