jueves, 18 de octubre de 2012

El desnudo como protesta


Dicen que el origen del desnudo en público en el curso de acontecimientos multitudinarios, eventos extraordinarios y concentraciones de todo signo, siempre como elemento de protesta, nació en EEUU como desafío a la escrupulosidad protestante. El caso es que la moda se extendió por la aldea global y hoy es una práctica habitual que moviliza en ocasiones a los guardianes del orden y de la buenas costumbres, desagrada a las mentalidades conservadoras, pero en general cuenta con la connivencia popular. El desnudo se da en colectivos, en hombres y mujeres, pero también de forma individual y no solo en un contexto reivindicativo sino que incluso las firmas publicitarias lo han utilizado porque siempre llama poderosamente la atención. Existen también los llamados streakers o corredores desnudos que se mueven movidos por el alcohol o atraídos por la tentación de la transgresión. Sin que tenga nada que ver con esto último , veíamos recientemente el caso de la joven Jill Love apodada enseguida como la musa del 25-S que se desnudó de cintura para arriba entre los concentrados y los antidisturbios y su imagen recorrió medio mundo. Dijo que lo hacía para apaciguar los ánimos. Este mismo año en Brasil y Perú sendas escritoras se desnudaban para protestar contra la piratería. Y mucho más recientemente, estos días pasados,  está el caso protagonizado por Madonna llamando la atención sobre el drama de Malala, la adolescente pakistaní tiroteada por los talibanes porque reivindica el derecho a la promoción de las mujeres en la educación. ¿Que ocurriría si una gran multitud de personas de ambos sexos, completamente desnudas, trataran de rodear el Congreso de los Diputados o la sede de alguna institución europea en Bruselas?