sábado, 20 de octubre de 2012

A reflexionar


A veces dudo de si la jornada de reflexión cumple su objetivo o, por el contrario, es el día que menos se reflexiona, cuando de una consulta electoral se trata. A estas alturas, incluso la mayoría de los indecisos tienen ya claro lo que van a hacer o no hacer. Solo unos cuantos llegarán a las cabinas a tontas y a locas para coger la primera papeleta que les venga a mano. Porque de todo hay en la viña del señor. En cualquier caso, no cabe duda de que es una jornada de tregua, en la que se apaga la megafonía y únicamente se percibe la paz y el silencio de las trompetas de campaña, entre tanto los activistas políticos velan armas y los candidatos marean la perdiz, deshojan la margarita, especulan y abren el abanico de posibilidades. Es sabido que, al final, todos ganan y solo aquellos en los que hace mella una derrota clamorosa son capaces de reconocer, aunque sea de mala gana, el signo del desenlace. Con el tiempo veremos si los electores ganan o pierden porque tal como están las cosas, las promesas se vuelven papel mojado cuando no se hace lo contrario de lo que se pregonó, que todavía es más grave. Son unas elecciones especiales en el marco de una crisis sin parangón, jaleada por la convulsión secesionista y envuelta en la desazón social que cunde y ahonda ante la destrucción del estado de bienestar. No en vano se avistan ya escalofriantes cifras de pobreza y desempleo mientras la exclamación común es que no sabemos a donde vamos a parar. Pero a pesar de tanta inquietud y malestar, el ejercicio del voto es un derecho del que no se debe abdicar. Es lo que hay y con lo que hay que apencar. A partir de mañana se abre un nuevo período, con independencia de los resultados que arrojen las urnas.