sábado, 3 de noviembre de 2012

O cambio de rumbo o estallido social


Cuando uno sufre una fuerte contusión, esa parte de la anatomía humana afectada suele quedar instantáneamente dormida, insensible. Pues lo mismo le está ocurriendo a la sociedad. Aquí y en Madagascar, es decir, allí donde la crisis se está cebando. El impacto ha sido y es tal que se ha producido el efecto de una anestesia general. El fenómeno es de tal calibre que la capacidad de asombro ha superado los umbrales de normalidad y el impulso de reacción quedó súbitamente bloqueado. Estamos, por recurrir a otro tipo de comparaciones, como el boxeador que tras recibir un duro castigo deambula por el ring de un lado para otro, totalmente desnortado, con las fuerzas exánimes, en busca de unos segundos de oxigenación que no llegan y a punto de que el juez detenga el brutal espectáculo. Prácticamente, de la noche a la mañana se ha derrumbado el edificio del bienestar y en un corto período de tiempo las consecuencias reproducen ya el escenario del dolor y la tragedia humana: niveles de paro y de pobreza escandalosos, derechos conquistados a base de sangre, sudor y lágrimas, anulados, corrupción, injusticias sociales manifiestas...En fin, nunca la política y los políticos, aquí y en Pernambuco, han jugado de manera tan deprimente el bochornoso papel de títeres, nunca la política y los políticos, en España y en Europa, han sido tan inútiles e incapaces de enderezar la nave en este mar alborotado del capitalismo salvaje e inhumano que arrasa con todo lo que encuentra. ¿Qué sentirá un dirigente de cualquier país cuando se va a la cama, mirando desde la ventana de su conciencia todo lo que sucede "ahí fuera"? ¿No se le revolverán las tripas? ¿Podemos continuar esperando a que sean ellos los que encabecen el cambio de rumbo y dejen de desempeñar el rol de brazo ejecutor de tanta calamidad como nos asola?  ¿La UE seguirá dándole la espalda a la realidad? Como la respuesta a las interrogantes puede intuirse, no cabe otra alternativa a que, como siempre, las clases populares y trabajadoras sean las que intenten frenar el tsunami. El estallido social sobreviene inevitable. El anticipo ya lo tenemos actualmente en la calle.