martes, 27 de noviembre de 2012

La gobernabilidad de Cataluña, ahora peor


Todas las lecturas del resultado electoral de Cataluña conducen a la misma conclusión. Mas ha pulverizado su liderazgo, pero la ola soberanista sigue estando muy presente en la sociedad catalana. Ahora la gobernabilidad se ha puesto muy complicada ya que CIU no lo puede hacer en solitario y se ve obligada a establecer pactos ¿con quién? Esa es la cuestión. De la reflexión puede salir un replanteamiento del camino emprendido retornando a posiciones de moderación con el asunto de la consulta y la independencia, estableciendo alianzas con PSC o PP, o liarse la manta a la cabeza y tirarse a la piscina del secesionismo con los radicales de ERC que vuelven a resurgir, más que por méritos propios, por fallos de los adversarios. Vamos a ver qué sale de ahí. Ya se sabe que la política hace extraños "compañeros de cama" y todo es posible en ese complejo y mareante mundo. Volviendo al principio, Mas creo que debería de dimitir y dejar paso a otra persona que puede recobrar el brío perdido a la vista del fracaso en las urnas. Se lo ha jugado al todo o nada y, evidentemente, se ha quedado en lo segundo, ya que no solo no consiguió, aun habiendo ganado, esa mayoría holgada que reclamaba para capitanear el proceso de segregación sino que la ha perdido, lo que se ha traducido en doce escaños menos que en la anterior legislatura. La jugada le salió mal y lo lógico era que dimitiese, pero también es sabido que la lógica en la política no cuenta. La poltrona crea adición, el poder y los oropeles institucionales seducen, cuando no corrompen, y, amigo mío, el verbo dimitir en este país no se conjuga. El problema es que con esta movidilla soberanista, la gestión de los problemas reales de los ciudadanos han pasado a un segundo plano, a pesar de la que está cayendo, sobre todo en Cataluña.