domingo, 25 de noviembre de 2012

Costumbrismo ferrolano


Podíamos llegar a creer que lo de la segunda residencia de los ferrolanos es fruto del desarrollismo o de la etapa de vacas gordas que disfrutamos los últimos años. Es verdad que la cosa se habrá mejorado mucho, pero esto viene de atrás, de muy atrás. En mi "manía" de hurgar en legajos antiguos y periódicos del año de la pera me encontré con una sección titulada "Costumbres ferrolanas" de El Correo Gallego de 1894. El cronista dice refiriéndose a los hábitos del verano de los ferrolanos "Y he aquí que dentro de pocos días lo granadito de nuestro pueblo se instala en las casitas de los lugares todos que rodean al Ferrol, para aspirar con delicia el oxígeno de la vegetación, las humedades de los corrales, las emanaciones de las eras y los aires colados por rendijas de los endebles tabiques de madera, mal encalada, nido de chinches... Dentro de dos meses todo el mundo está en la aldea y la color tostada de la tez y el rosado de las mejillas son la mayor prueba de la salud alquilada en ese período, a cambio de tantas molestias". El simpático relato no exento de sarcasmo continúa y constituye a mi entender toda una pieza creativa en el lenguaje, perdida en la balumba que almacenan las hemerotecas a la que no se le da mayor importancia cuando en realidad la tiene si quiere uno investigar en el costumbrismo de nuestros ancestros. Ciertamente, la segunda residencia de aquella época, tal como queda de relieve, eran las casitas de aldea, en las que se compartían vivencias con familias campesinas y hábitats que en muchos casos acusaban las consecuencias del paso del tiempo y  el reflejo de economías frágiles. El periodista resalta que en la aldea se ahorra en el vestir "Sálese a la carretera como se está en casa" y en lo de comer no dejan de aceptarse ciertos sacrificios "porque en la aldea ni puede comerse como en el pueblo, ni se tiene el servicio de Ferrol ni siquiera la vajilla es otra que el desecho de la de casa y todas saben bien que allí se lleva lo peor". Hoy, afortunadamente, las casitas de aldea se muestran rehabilitadas con piedra a la vista, cuando no son de nueva construcción dotadas del mínimo confort. He ahí las diferencias.