domingo, 24 de junio de 2012

Una feliz jornada

Hoy me presento con un post muy personal. Hoy tengo conmigo, aquí, en Papoi, en mi modesta casita rural, a mi  exequipo de periodistas, actual plantilla del Diario de Ferrol.  Conviviremos prácticamente toda la jornada, almuerzo incluido. Seremos unas cuarenta personas, entre mayores y niños. Es el segundo año que celebramos este encuentro, una vez que me jubilé en octubre de 2010. La cita surgió precisamente, muy de madrugada, cuando tomábamos unas copas después de que mis compañer@s me hicieran una cena-despedida. Llevaba pocos días fuera del periódico -había abandonado la actividad en septiembre- y ya asomaban los primeros síntomas de nostalgia por mi parte y también por la de ellos, al menos a juzgar por las muestras de afecto que estaba recibiendo. No nos podemos perder de vista, fue la conclusión a la que llegábamos y la idea de este encuentro se puso encima de la mesa ipso facto. El resultado es esta fiesta de camaradería, de amigos, de compañeros. A la vuelta del verano se cumplirán dos años desde mi marcha de Diario de Ferrol, plazo de tiempo suficiente para no escribir bajo el efecto de las emociones tiernas, pero no rehuyo dejarme llevar por los sentimientos, procurando eso sí, racionalizar los sentimientos más que sentimentalizar las razones, ejercicio que aprendí de la lectura de algunos tratados escritos por el pensador Carlos Gurméndez al que tuve el privilegio de conocer personalmente. Esta necesidad de vernos ¿a qué se debe? Sencillamente a que a lo largo de once años de convivencia en el trabajo han nacido reconocimientos profesionales y afectos personales. ¿Y esto es lo común entre director y dirigidos? No indagaré sobre estadísticas y metodologías de otros. Por mi parte, he procurado no caer en todo aquello que critiqué cuando estaba al otro lado de la mesa, cuando era mandado en lugar de mandar. He creído en el profesional y en el ser humano que va dentro, en la honestidad y en la lealtad, he concebido la relación en el centro laboral como un diálogo permanente y he respetado en lo posible la libertad del periodista en su quehacer cotidiano. Estoy convencido de que hemos sintonizado en este modus operandi y eso, entre otras razones no menos importantes, nos trae aquí hoy y nos seguirá convocando todos los años mientras las fuerzas, me refiero a las mías, no fallen. Yo quiero compartir con todos los que me siguen (blog, facebook, twitter) esta alegría.