viernes, 15 de junio de 2012

La Roja permite una tregua

Para los que nos gusta colgar un post diario, ahora mismo si no hablamos de la situación por la que atraviesa España (prima de riesgo, rescate, déficit, Merkel, deuda soberana y toda una retahíla de palabras y frases que van quedando acuñadas, para mal) parece que no tenemos otro tema sobre el que verter alguna reflexión. Y lo cierto es que si uno se fija en los espacios de opinión de la prensa diaria vemos que el asunto es recurrente, aunque, como es propio, cada cual modela la columna periodística con sus respectivas herramientas y esa es la riqueza de la opinión publicada. Pero bien es verdad que ayer, pese a que nos vamos superando en los sobresaltos y las alarmas porque cada vez son más sobrecogedoras, se produjo una tregua, un alivio para la conciencia y psicología colectivas. Jugaba la Roja que, finalmente, hizo uno de esos partidazos que emboban, que destruyen todos los tópicos que no dejan indiferente ni al más desapasionado. Es la válvula de escape a tanta tensión ambiental, pánico, mensajes apocalípticos, estados de emergencia económica. Este evento, la eurocopa, no es un fenómeno provocado sino que responde a una organización , a un calendario prefijado, etc, digo esto porque muchas veces vemos como los políticos sacan de la chistera cortinas de humo, tupidos velos, acontecimientos que distraen para encubrir situaciones impopulares que ponen en riesgo votos, algo tan temido por ellos. Lo del partido de fútbol es algo así como la parada del camionero, harto de recorrer kilómetros, que se detiene en un restaurante en ruta para relajarse, degustar una buena mesa, tomar un buen postre y, en definitiva, oxigenarse para hacerse de nuevo a la carretera. El paralelismo, un tanto forzado, vale para cuando el equipo sale victorioso. El fútbol se convierte en una especie de aliviadero de las masas. Claro, ¿qué pasaría si con la que está cayendo encima la Roja encaja una fuerte goleada? Pues que la fiesta mudaría la euforia por la irascibilidad, sumaríamos cabreos,  moveríamos adrenalina, la convivencia se empañaría por momentos. Por eso que, era a lo que íbamos, bienvenido un acontecimiento de estas características que entretienen a una gran mayoría, y permiten en medio de tanto desaguisado, de tanta desazón, dejar sobre la mesa lo que nos asfixia para vivir intensamente el presente y de manera feliz, porque la campeona del mundo sigue enseñando sus insuperables habilidades.