jueves, 21 de junio de 2012

El sucesor de Dívar ¿de una en otra?

La prima de riesgo se relajó y parece que me falta algo ¿primadicción, nueva patología? Esto ponía ayer en un tuit. Pero siempre nos queda el caso Dívar. Hoy  es la fecha por él señalada para anunciar una "contundente" decisión. Vamos a ver que milongas nos cuenta, porque este hombre dio sobradas muestras de histrionismo desde que se le descubrieron sus viajes de placer, nunca mejor empleado este vocablo, sobre todo al conocerse algunos detalles de sus encuentros en Marbella.  De todas maneras, este parece ya un caso cerrado, si es que, como se espera, presenta su inaplazable dimisión. Bastante daño le ha hecho ya a la imagen del Consejo General del Poder Judicial y a la Justicia en general. No obstante, algo ha empezado a preocupar a la opinión pública y publicada cuando aún no era oficial la dimisión de Dívar y es la aparición en escena del segundo del CGPJ, Fernando de Rosa. Llama la atención que  este esperejilado (espabiladillo) profesional se haya autoproclamado dando por hecho que será quien sustituya a Dívar e incluso haya celebrado rueda de prensa para exponer su objetivo de recuperar la credibilidad perdida de la institución. No parece muy ortodoxa esta forma de actuar, imprimiendo tanta prisa por comunicarlo a los cuatro vientos. Las formas en determinados cometidos son tan importantes cuanto más altas son las responsabilidades a ostentar. Pero, además, contribuye a abonar el campo de las reticencias el hecho de que haya sido director general de Justicia con el inefable Camps. La trayectoria del ex presidente de la Generalitat valenciana contamina y estigmatiza a todo aquel que ha formado parte de su equipo, lo cual no quiere decir que todos se hayan manchado con la corrupción, pero la circunstancia política hace cuando menos más vulnerable al personaje y motiva los pertinentes recelos. Lo cierto es que todo apunta a que vaya a ser el titular del CGPJ ya que para que asi no fuere tendrían que proponer a otro candidato trece vocales, consenso hoy por hoy impracticable a la vista de la fractura interna de la institución.