viernes, 29 de junio de 2012

Hay que reinventar la UE

Era muy chavalote yo cuando se gestaba la UE. A los mayores les oía comentar esta iniciativa que despertaba en ellos una gran ilusión. Se acabarán las fronteras, tendremos una moneda única, Europa será fuerte, un idioma único...  Todos estos cantos y alabanzas iban de boca en boca. Han tenido que transcurrir varias décadas para que, inmersos en una crisis de la que no se sabe salir,  se empiecen a oír voces que denuncian que hay que reinventar Europa, porque en su momento se había iniciado la casa por el tejado. Tiene narices la cuestión. O sea que hasta aquí hemos estado embarcados en una nave que carece de brújula y de medios para progresar en la singladura. En lugar de hacer entonces lo que ahora se reclama, unión monetaria y fiscal, creación de una central europea que supervise y fortalezca el sistema financiero, etc, lo que se hizo fue dejar en manos de Alemania el timón, quedando los demás países como convidados de piedra, sin capacidad de mover ficha y claramente sometidos a los dictados del Bundestag. De la misma manera que no se entiende como hemos podido llegar a esta crisis, sin que los especialistas en la materia no hubiesen dado la voz de alarma y los Gobiernos atajasen la debacle que se avecinaba, tampoco cabe en cabeza humana como hemos estado conviviendo en una Unión Europea, que tenía y tiene los pies de barro. Pues así se escribe la historia,  lo que denota que nos hemos lanzado a una carrera contra reloj sin saber muy bien  cual era el destino y con qué medios podríamos avanzar. Retomando la cumbre de Bruselas, cuando escribo este post, el Consejo Europeo cifraba en 120.000 millones el plan de crecimiento, pero España e Italia condicionaban su apoyo a la concreción previa de medidas que estabilicen los mercados financieros. Se ve que Monti y Rajoy están echando un pulso, pero no aparece Hollande, pieza fundamental en  la presión sobre Merkel. A ver qué novedades se van produciendo a lo largo del día de hoy, aunque mantengo mi escepticismo sobre estas reuniones en las alturas de las que habitualmente lo único que salen son discursos carentes de contenidos concretos.