miércoles, 27 de junio de 2012

Se avecinan días cruciales

Angela Merkel lanzó ayer una nueva "soflama" ante los suyos diciendo que mientras ella viva nada de colectivizar la deuda. Obviamente, es una prueba más de su enrocamiento y, por la forma de expresarse, palabra de emperadora. Supongo que habrá querido decir mientras yo gobierne, pero la salió la hipérbole y se quedó tan tranquila. De todas maneras, el otro día lo apuntaba yo en una de estas aportaciones diarias, la presión de los Estados principales europeos, España, Francia e Italia, la de Obama diciendo basta a los recortes y la propia presión de socialdemócratas y verdes alemanes le ha hecho desmontar un poco el discurso y aceptar políticas de crecimiento y generación de empleo. De ahí ha salido esa cifra de 130.000 millones que acordaron recientemente y cuyos detalles abordará hoy con Hollande. No obstante, hay analistas que ponen en duda esta ayuda que saldría de dedicar el 1% del PIB al crecimiento. Ramón Lobo escribía en El País que esto era impracticable "pues el Banco Europeo de Inversión, instrumento para impulsar la operación, carece de fondos y los Estados que lo nutren, lo mismo". En los próximos días vamos a ver qué sucede con la cumbre de la UE y como resuelve también Merkel sus compromisos internos en torno al pacto fiscal. Algunos politólogos entienden que la canciller se juega su futuro y también en cierta medida el porvenir de Europa. Al respecto, el Nobel Krugman sentenciaba  que "España es el lugar donde se decidirá el destino de Europa" Así que vamos a ver. Nos aguardan días teóricamente importantes y tal vez decisivos por lo que ocurra en el seno de la UE y de lo que también suceda en Alemania. Mientras tanto, en una actitud cabreante por la manera de decirlo, Almunia, vicepresidente de la comisión europea, señalaba ayer que la subida del IVA es obligatorio. Da la impresión de viene jugando el papel de avanzadilla del PP, con el que al parecer se entiende mucho mejor que con el anterior Gobierno Zapatero, pregonando y preparando el terreno para que el Ejecutivo español entre a saco con los nuevos impuestos que recaerán, como no podría ser de otra manera en una política neoliberal salvaje, sobre las clases medias y trabajadoras.