martes, 26 de junio de 2012

La violencia machista, esa lacra

Cuando se habla de violencia doméstica o de género, machista o como quiera llamársele me embarga inmediatamente una sensación de impotencia como sujeto social. Se ha ensayado con diversas medidas, algunas que suscitan mucha controversia incluso entre los juristas que conocen bien el paño, otras que establecen cierta cautela sobre el potencial maltratador, etc, y si bien es verdad que se han dado pasos importantes como la creación de tribunales especiales y casas de acogida,  cuando lees titulares como los de ayer, por cierto uno que nos toca muy de cerca a los ferrolterreños por haber ocurrido en Narón con resultado de muerte de una joven de 28 años y otro que nos cae más lejos, en Colombia, pero igualmente aterrador, con más vidas perdidas al ser asesinada una mujer y sus cinco hijos, cuando se ven estos casos, digo, a uno se le cae el alma a los pies porque más bien parece una plaga bíblica o un problema incurable o muchas veces inevitable porque habría que estar al lado del potencial asesino en el momento justo para evitar estas tragedias humanas. Ayer hacía una reflexión -140 caracteres- en twitter e inmediatamente una tuitera respondía a mi pregunta de qué hacer diciendo "educación y medios para que las mujeres (u hombres) se sientan libres para denunciar la violencia". Tiene razón, todos estaremos de acuerdo, cómo no, con esas propuestas, pero no olvidemos que a veces ni siquiera dándose algunos de esos requisitos se logra confinar el peligro. Depende de muchas variables. Cada vida es un mundo diferente, las personas no reaccionamos de la misma manera, incluso apostamos hasta límites insospechados. En fin, no lo veo nada fácil, pero no quiere decir que se tire la toalla, antes al contrario la sociedad tendrá que continuar buscando fórmulas y aplicando medios y revisando leyes hasta que, por lo menos, las estadísticas se reduzcan, como mal menor, porque lo ideal sería que estas desgraciadas historias se convirtiesen en la excepcionalidad.