sábado, 22 de septiembre de 2012

El ministro de finanzas alemán dice ahora que España no tiene necesidad de solicitar el rescate


El dichoso rescate es comidilla recurrente en todos los foros, redes sociales, prensa diaria, etc. Empieza a tomar cuerpo la frase acuñada por Rajoy "Haré lo que crea que es importante para el conjunto de los españoles", como sucedió con aquella otra "Hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades".  Pero el presidente viene apostillando  que no tiene prisa en pedir el rescate porque quiere saber la condicionalidad. La cautela que está administrando refleja temor a los requisitos que le puedan plantear. Mariano sabe, cómo no, que hay hartazgo en los españoles, que ha perdido confianza en los diez meses de gobierno y que, especulan algunos, si da el paso al frente es posible que acabe inmolado, teniendo que dimitir o desapareciendo de la escena, no sé si para el dar el timón a un tecnócrata como hicieron los italianos. Por eso no debe resultar extraño la poca prisa que se da en pedir la ayuda. Por otro lado, estamos a un mes vista de las elecciones gallegas y la "rendición" antes de esa fecha podría tener sonoros efectos sobre los resultados de los comicios. De modo y manera que Rajoy está maniatado. Es verdad que le acaba de echar un cable el ministro de finanzas alemán que declaró que España no necesita el rescate y que tal como hizo los deberes las cosas deberían de ir bien y que únicamente falta que los mercados recobren la confianza. Ignoro lo que hablaría ayer con Monti de esto, pero es posible que hayan reafirmado lazos para una resistencia activa ya que ambos países atraviesan por situaciones similares. Vemos, asimismo, que la prima de riesgo parece haberse relajado. Ayer estuvo durante todo el día por debajo de los 420 puntos, dato que también contribuye a dibujar un panorama menos agobiante que el de semanas atrás. Incluso, el presidente español llegó a desmentir que se fueran a congelar las pensiones, adelantando que estudiaban un incremento. El problema es que la credibilidad circula en vuelo rasante porque, claro, tantas veces han hecho lo contrario de lo que dijeron que no queda otra alternativa que el escepticismo cuando no la incredulidad.