lunes, 10 de diciembre de 2012

Sentimiento antieuropeísta


El sentimiento antieuropeísta avanza a la misma velocidad que el antialemán, obviamente porque  los ciudadanos han advertido que son la misma cosa y que caminan en la misma dirección, la destrucción del estado de bienestar. Para ellos, las soluciones a la crisis pasan por expoliar las economías medias y menos favorecidas con el resultado que todos estamos viendo: paro y pobreza. El miércoles llegan 40.000 millones de euros para la banca a cambio de cierre de centenares de sucursales y despidos masivos de empleados, porque así lo exigen los tiburones de la UE. La desafección que se está generando debe de ser tan palmaria que los dirigentes de Bruselas han comenzado a lanzar mensajes que delatan preocupación. Ayer casualmente, los medios digitales recogían declaraciones del presidente del Consejo Europeo Van Rompuy y de la Comisión Europea, Durao Barroso. El primero dijo que "La UE debe ser de nuevo un símbolo de esperanza". Tal afirmación delata la sensación de fracaso cada vez más generalizada, sobre todo en los países mas afectados por la crisis. Por su parte, Barroso señalaba que la situación exigía "más Europa o la irrelevancia". Yo, permítaseme la petulancia, matizaría no más Europa sino otra Europa más equilibrada y por tanto más relevante. Así están las cosas cuando también ayer se proclamaba candidato a las próximas elecciones alemanas al socialdemócrata Peer Stembrück, quien utilizó la megafonía del partido para anunciar que apostaba por un cambio de rumbo. Me falta fe para creer en estas promesas. La socialdemocracia no ha dado pistas hasta el momento de que pueda mudar el rumbo de los acontecimientos.