domingo, 16 de diciembre de 2012

La cara y la cruz de una generación


He tenido el privilegio de ser testigo del tránsito de la dictadura a la democracia. Vivir los albores de la libertad es algo, no voy a decir indescriptible, porque sí que se puede narrar, humanamente esplendoroso. He tenido el privilegio de ser testigo del tránsito de un milenio a otro. Mucha gente se habrá muerto y se morirá sin vivir esta experiencia. He convertido en realidad un sueño que siendo muy joven consideraba inalcanzable, ser periodista. Dentro de mi carrera profesional, el mayor hito ha sido el que me hubieran elegido para poner en marcha un periódico, dotando así a mi querida ciudad natal de un medio de comunicación escrito, del que estaba necesitado, y, lo que es más importante, haber logrado el objetivo. Fue necesario, todo hay que decirlo, derribar, junto con un formidable equipo, todas las murallas de escepticismo que rodearon la salida de esta cabecera periodística, el Diario de Ferrol, allá por el 2 de junio de 1999. No digamos, sin salirme del oficio, el privilegio que supone haber vivido los cambios desde lo que llamo la "edad del plomo", material con el que se trabajaba cuando me incorporé a Ferrol Diario, hasta la era digital y el milagro de internet que ha cambiado cultura, hábitos y formas de vida. Una vez jubilado decidí saber qué era esto de las redes sociales y aquí estoy, con el blog, facebook y twitter. A aquel que me hubiera anticipado la evolución y las mutaciones experimentadas cuando yo tenía 30 años lo hubiera tratado de loco, sin lugar a dudas. Por eso que, ahora, afrontando ya el natural declive del ciclo vital, cuando veo que todo se derrumba, que estamos volviendo medio siglo atrás, que no se va a retornar a la situación previa a la crisis hasta dentro de veinte años, según algunos entendidos,  me refugio, a veces, en la creencia de que todo es una pesadilla. Aunque, realmente, es la cara y la cruz, el anverso y el reverso, el terrible movimiento pendular de una generación, la mía, que liquida una etapa de progreso y bienestar, embargado por la tristeza de una dramática marcha atrás cuyas consecuencias son imprevisibles.