miércoles, 12 de diciembre de 2012

Hoy, un ser razonable es un ser revolucionario


Si uno critica al PP que es el que está en el Gobierno y lógicamente el primer destinatario, la primera diana, es un rojo, especie a extinguir, por cierto; si la critica va dirigida al PSOE puede ser dos cosas, o de derechas o un radical de izquierdas, antisistema o vaya usted a saber. El periodismo no alineado, al parecer no se contempla, no existe o no vende. A lo que hemos llegado. Yo creo que hoy cualquiera que sea simplemente razonable se habrá convertido en un revolucionario. Vivimos de un tiempo a esta parte en el reino del sinsentido. A diario saltan a los titulares de los medios de comunicación declaraciones merecedoras de ser incluidas en la antología del disparate, cuando no tramitadas en el juzgado de guardia por el peligro que entrañan de alteración de la paz social. Además, como en otra ocasión creo que apunté, los ciudadanos corremos el serio riesgo de acostumbrarnos a la mentira, el despropósito, la chabacanería , como algo normal. Voy al grano y con ejemplos, que es como mejor se retienen las cosas. Hay que echarle un par para decir lo que dijo Dolores de Cospedal, cuando ni corta ni perezosa, sin pudor ni rubor alguno, señaló que los despidos son "un bien común para la comunidad". Le voy a permitir la redundancia, pero ni una concesión más. Un despido laboral fue siempre considerado como una calamidad social, un  misil a la línea de flotación de la estabilidad familiar, un episodio que sacude la salud física y mental de los individuos. Pues bien, a esta gran pensadora debemos el hallazgo semántico , de gran calado conceptual, de que despido es igual a bien común de cuya premisa cabe concluir que a mayor número de despidos, mayor bienestar común. Es decir, un insulto a la inteligencia.