sábado, 8 de diciembre de 2012

Las bromas y la ética

Halla muerta la enfermera que atendió la llamada de la "falsa" Isabel II que se interesaba por el estado de Kate Middleton. Se supone que ha sido un suicidio. La iniciativa partía de una cadena australiana en la que una joven periodista suplantaba a la reina para llegar a la embarazada Kate. Como siempre, tienen que suceder tragedias, como la presente, para que se ponga remedio a situaciones que no debieran de darse. Ahora vendrá el consiguiente debate porque, lógicamente, la sociedad se ha conmovido, cómo no, ante el desenlace de esta broma. En la actualidad, la ética parece un valor desconocido cuando no se tiene en cuenta que con actuaciones como las que se acaban de dar existen terceras personas que pueden caer de inocentes y cuyas reacciones, porque también la responsabilidad deriva sobre ellas, son imprevisibles. Ya se han dado más casos y no ha habido muertes, afortunadamente, pero lo que no sabemos es qué marca ha quedado en esos ciudadanos que actúan de filtros, que median entre el interlocutor y el destinatario y que son pillados totalmente desprevenidos. Si existe connivencia previamente estudiada, allá los resultados de la llamada falsa, pero de no ser así el grave examen a su conducta puede tener desgraciados efectos. Lo acabamos de ver.  No quiero hacer demagogia con el asunto, simplemente expresar mi rechazo al uso y abuso de estas prácticas de la prensa que van más allá de una normal conducta ética, cuya transgresión no tiene límites y se aplica el todo vale para alcanzar el fin perseguido. ¿Cómo les habrá quedado el cuerpo y la conciencia a los "actores" que han protagonizado esta especie de tragicomedia? Supongo, porque si no fuera así no estaríamos hablando de personas sino de seres irracionales, que ante el resultado macabro de la coña tendrán tiempo de reflexionar y de llegar a la conclusión de que así, no, ya que, sin que por descontado hubiera dolo, han provocado la muerte de una persona.