martes, 18 de diciembre de 2012

El fin de una era


El fin del mundo no va a ocurrir, pero este mundo de injusticias y calamidades tendrá que acabar. A los humanos van a tener que meternos en una depuradora y a ver si luego lo hacemos un poco mejor. Estos y otros pensamientos los sometía ayer al corsé de los 140 caracteres de twitter al hilo, en tono jocoso, de la profecía de los Mayas. También escribía que la revolución tecnologica, el capitalismo salvaje y el derrumbe moral piden a gritos una refundación de partidos y sindicatos, en definitiva la regeneración de la sociedad. Eso después de leer un titular que decía que una investigada por corrupción sustituía en las Cortes valencianas a un diputado prevaricador. Es que no salimos de circulo vicioso, nunca mejor aplicado el adjetivo, de la política asociada a algún tipo de episodio irregular, ilegal, amoral, cuando no conductas que rozan o incurren supuestamente en el delito. No es fenómeno exclusivo de España, por eso que pienso en términos genéricos cuando invoco el fin del mundo de las miserias, del hambre, de la explotación sin escrúpulos de la mano de obra, de los niños, las mujeres, las guerras y toda la mala uva que destilamos del uno al otro confín.  El otro día escuchaba a Gallardón que decía ante los micrófonos de una emisora de radio que "gobernar significa muchas veces repartir dolor" y me preguntaba si una persona en su sano juicio puede sentirse seducido por el poder cuando éste implica repartir dolor y sufrimiento, es decir, redimir a la población a través de la angustia y la desesperación. Pero ¿esto qué es? Estaré de acuerdo con los Mayas si era ese cambio de rumbo o el fin de una era que ellos preveían en su calendario.