lunes, 30 de julio de 2012

Los sindicatos ríen últimos

Ahora se conocen, casi un mes después, las circunstancias del viaje de los sindicalistas Toxo y Méndez a Alemania para entrevistarse con la canciller Angela Merkel. Ahora se ha sabido que cansados del ninguneo de Mariano Rajoy, los líderes de CCOO y UGT decidieron dar un golpe de efecto y se la jugaron por la banda al presidente español que sí los recibió pero después de que regresaran de Berlín. Me imagino que Toxo, que es el presidente del Confederación Europea de Sindicatos (CES), favorecido por los sindicalistas teutones no tuvieron demasiadas dificultades para acceder al despacho de Merkel, que recibió informes de los acuerdos patronal-sindicatos, cosa que desconocía, e incluso alargó un cuarto de hora más de lo previsto el encuentro. A mi modesto entender, Mariano Rajoy al que tanto gusta el fútbol, le han metido un gol por toda la escuadra los sindicatos. Este tipo de actitudes suman razones para el desprestigio y el deterioro de la imagen del presidente español. No es de extrañar que Merkel converse con Hollande, después con Monti, pero con Rajoy "ni hablar", a pesar de las afinidades ideológicas. Es difícil justificar esta actitud de desprecio a las organizaciones sindicales y ya tiene narices que los reciba antes Merkel que Mariano, al que se cansaron de solicitar reuniones. Pues le ha estado bien al jefe del Ejecutivo español, a ver si aprende, a ver si se da cuenta de que los sindicatos, gusten o no gusten, son organizaciones reconocidas en la Constitución y como tales deben de ser respetadas. No era así su mentor Aznar, que presumía de frecuentar el diálogo con las centrales obreras, aunque no sé lo que haría en las circunstancias actuales, pero me resisto a creer que se comportase de la misma manera que lo hizo Rajoy. Es lamentable que, además de estar en situación de desahucio económico, con toda la gravedad que la situación entraña, el presidente de los españoles se permita estas licencias de querer recochinear a los sindicatos para, al final, acabar envainándola.