miércoles, 18 de julio de 2012

Las formas en el ser y el estar

En alguna otra ocasión he comentado lo importante que son las formas en la política. En un país, España, económicamente en quiebra, al borde del rescate global, con la confianza por los suelos tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, los políticos deberían de andar con pies de plomo a la hora de plantear la acción discursiva o, simplemente, delante de un entrevistador. Cuando las formas se pierden, los ciudadanos suman al cabreo generalizado la inelegancia de sus representantes, todo ello carne de cañón para que cunda el descrédito e incluso el insulto, que nunca se deberá justificar. Acabamos de ver el "que se jodan" de la diputada Fabra y podríamos añadir otros improperios soltados por los de un color y del otro. Ayer escribí en Twitter que Rajoy y sus ministros, junto con el Rey se bajaban el sueldo un 7%, mientras que en Francia, Hollande y sus ministros lo hacían sobre un 30%.  Es verdad, como señaló un tuitero, aunque no lo desconocía, que Hollande percibe mucho más que Rajoy, pero es lógico si se tiene en cuenta que el estatus económico francés es muy superior al español en todos los órdenes. El líder galo se baja el 15% y hubiera sido bien visto, pero alcanza el 30%, cumpliendo hasta ahora una a una sus promesas electorales. Por el contrario, España es un país en quiebra como todos sabemos y la situación se descarga sobre las espaldas de los de siempre, en lugar de implicar, con los mismos niveles de exigencia, a los que más tienen. En cualquier caso, no es tanto una cuestión de cifras, que también, como de formas. Si seguimos con el argumento, el ciudadano no traga que De Guindos le pida a las grandes empresas solidaridad, como quien pide limosna, mientras que el Ejecutivo impone -reclamaciones al maestro armero- a los currantes y capas medias en general la penitencia de unos ajustes desproporcionados. Estoy convencido de que aun no siendo responsabilidad nuestra todo este desastre, los administrados aceptaríamos la situación de mejor grado si el reparto en la carga se hiciera con criterios de justicia. En las circunstancias actuales, el ciudadano mira y chequea con lupa a los políticos que los representan y, sin embargo, estos no parecen darse por aludidos  incurriendo  en poses y comportamientos que, como digo, echan más leña al fuego de la indignación y el desasosiego. Los políticos tienen que dar ejemplo y ser los primeros en aplicarse el cuento.