martes, 10 de abril de 2012

Paradojas

No es la primera vez que escribo sobre la corrupción, corruptelas y sucedáneos ni, desgraciadamente, será la última. Este es un país de pícaros, listillos, sabiondos, jetas, pardillos, aprovechados, delincuentes de cuello duro y guante blanco, entre otros muchos especímenes que nutren o pueden inspirar las letras de Joaquín Sabina o Joan Manuel Serrat. Ya sé, no se puede generalizar, hay gente, mucha gente, honrada, solo faltaba, pero lo cierto es que el colectivo que acabo de desgranar, cada día que pasa engorda su afiliación. Y, claro, es tal el clima que se viene generando que uno tiende, a veces injustamente, a confundir la parte con el todo. He vuelto a reincidir con el tema ante las últimas noticias que aluden al alcalde de Santiago, ahí al lado, no hace falta ir más lejos, que, según reconoce, ninguneó, hasta ahora, a Hacienda la cantidad de 300.000 euros en números redondos, percibidos por el IVA de la venta de pisos y que no reintegró. Un sujeto que gasta un dinero que no es suyo tiene un calificativo  y si ese individuo no tiene inconveniente, con esta carga en el morral, en postularse como alcalde de su ciudad tiene otro calificativo. Hace falta tener poco pudor y querer tomar a los ciudadanos por tontos de solemnidad . Y el colmo de la desfachatez es justificarse argumentando -interesante atenuante- que esto sucedió antes de ser alcalde. El tiempo juega ya en su contra. Tenía que haber presentado la dimisión, o no haberse presentado a las elecciones o haber ingresado ese dinero a su debido tiempo, antes de saltar a la arena política. Con indendependencia de la tipificación legal, su comportamiento es el peor ejemplo para un cargo público que, paradójicamente, exigirá a los administrados que cumplan religiosamente con sus deberes fiscales. Y si no lo hacen les mandará un agente a casa, o les impondrá una sanción."C'est la vie".