domingo, 1 de abril de 2012

De la soledad al desespero

La situación por la que atraviesa Ferrol no puede ser más desconsoladora. Olvidado por completo de los Gobiernos que vienen sucediéndose y sin que nadie se interese por su porvenir, se le ve decaer de día en día, sin que a nadie le preocupe la triste suerte que a todos nos espera. Esta reflexión que podría parecer tan actual, se hacía en el año 1894 de una de cuyas crónicas (El Correo Gallego) se extrajo este párrafo. El lamento se repetiría sucesivamente a lo largo de décadas cada vez que la "Constructora" se ahogaba en el silencio de las "machinas". Así figura en las hemerotecas. Es la historia de los ciclos tan ligada  a nuestras vicisitudes como ciudad y gran comarca, fenómeno con el que hemos tenido que convivir y al que no es la primera vez que nos referimos desde esta joven y virtual tribuna. Hoy, como ayer, recurrimos al lamento. Por enésima vez.  En un Domingo de Ramos que introduce la Semana Santa, período tan propicio para la reflexión, al menos así lo era en tiempos no muy remotos en los que la Iglesia tenía fuerte influencia sobre la conciencia de los ciudadanos. Hoy, como ayer, serán las procesiones multitudinarias las que recorran nuestras calles, pero que nadie tema que la soledad de la Pasión ahogue el clamor de un pueblo, porque el grito del desespero se recrudecerá al doblar la esquina de la Resurrección. Los tronos y capuchones darán el relevo a los pendones y estandartes de una marcha humana que se angustia por momentos al ver como se multiplican los rosarios de espinas del desempleo. Un dique flotante parece ser la tabla de salvación, pero hoy, como ayer, los "apóstoles" de la Patria miran hacia el otro lado.