jueves, 12 de abril de 2012

Coro desafinado

Cuando en el diálogo, en el debate, en el fragor de la discusión se empiezan a oír barbaridades o imperan los silencios es que fallan los argumentos. No hay vuelta de hoja. Estos días, los ministros del Gobierno así como el propio Rajoy y significados dirigentes del Partido Popular han dado una imagen nada edificante en términos políticos, pecando de falta de coordinación y emitiendo mensajes disonantes, muestra inequívoca del nerviosismo que suscita la gravísima situación por la que atraviesa el país. El coro de Mariano, por recurrir al simil musical, se ha saltado la partitura, ejecutando cada cual su melodía, con entradas a destiempo, desafines y otros vicios sinfónicos. Como decía aquel director de orquesta cuando vió que los músicos se la iban de la mano "en el calderón nos encontraremos todos". No sé si aquí habría que sustituir del pentagrama el mencionado signo por el del infortunio colectivo o el del temido rescate. De Guindos, que da la impresión de que va por libre y  como una moto a cuchichear al oído de sus amigos de Bruselas medidas que se van a tomar en España, es rectificado, en torno al polémico copago, por Floriano, que no sabe por donde salir en los desayunos de Ana Pastor  y acaba reconociendo que pudo haber metido la pata; la Esperanza Aguirre que hace sonar las trompetas del apocalipsis poco menos que pidiendo la disolución de los gobiernos autonómicos, tiene que ser desmentida inmediatamente por Rajoy; el presidente del Gobierno en un gesto inédito y ante la nube de periodistas no sólo elude las preguntas sino que huye de la vil canalla y sale por el garaje del Senado. Uno está un poco asustadito con todo lo que está viendo. No se puede intentar transmitir tranquilidad desde el desquicie y el despropósito. Lo denunciamos cuando el PP estaba en la oposición y lo volvemos a hacer ahora que han cambiado las tornas.  Las fuerzas políticas, al menos los dos grandes partidos son y serán unos grandes desaprensivos e irresponsables si no se cogen de la mano de una puñetera vez y tratan de frenar esta desfeita, que cada día que pasa nos coloca más y más al borde del precipicio.