domingo, 25 de marzo de 2012

Retorno

Cuando mis compañeras y compañeros de Diario de Ferrol me agasajaron con un acto de despedida a raíz de mi jubilación laboral, ojo a este último matiz, (los periodistas nunca nos retiramos) les anuncié que estaría de vuelta como articulista en tres meses. Sucedía esto en septiembre de 2010. El plazo fue superado con creces. Estamos a un año y medio de aquel emotivo acontecimiento. Pero, al fin, he decidido romper el estado de gracia y a partir de mañana lunes mis "acotaciones" saldrán por los dos canales, el blog y el periódico, también en su versión digital. Renuevo, pues, ilusiones. Mi vocación fue desde muy joven la prensa escrita. Quería arreglar el mundo, sentar cátedra, luchar contra las injusticias, contribuir al progreso, decirle al alcalde de mi pueblo como tenía que gestionar lo público y al presidente del Gobierno marcarle la senda para recobrar la grandeza y la libertad de un país. Eran sueños de la adolescencia o de primera juventud. Luego me instalé en la realidad, abandoné la fantasía pero nunca la utopía, que se mantuvo y se mantiene. Resistir es vencer. Confieso que a mi regreso estoy como un niño con zapatos nuevos, o como aquel joven que cuando le regalan el primer reloj de pulsera (años de la postguerra) hace todos los esfuerzos por estirar el brazo, asiéndose a lo alto de una pared para provocar que la manga de la chaqueta se deslice y deje al descubierto su gran alhaja. Eso haré yo con mi columna, aunque sin tanto disimulo. Quiero que me vean y me lean, claro. Recuerdo a un compañero que cuando firmó su primer reportaje, ese día, al acudir a una cafetería vio el periódico en la barra y lo abrió por la página en la que él hacía sus primeros pinitos. Mientras tomaba la consumición se recreaba en su obra y al marcharse le indicó al camarero que, por favor, no cerrase el diario, que lo dejase abierto por aquella página en la que aparecían su nombre y apellidos. En fin, batallitas. Lunes, 26, de nuevo en casa, de nuevo en lo mío.