miércoles, 14 de marzo de 2012

Los políticos y los periodistas

Tan viejo como el propio periodismo es el intento de los muñidores de la política de manipular la información y desacreditar a los profesionales. Sarkozy acaba de poner encima de la mesa un claro ejemplo de lo que digo. Por un lado, el líder galo muestra una diafanidad, en teoría muy elogiable y poco común, concediendo entrevistas a diestro y siniestro, pero por el otro enseña el plumero cuando una periodista en televisión le pregunta por el dinero que supuestamente le dio Gadafi para una campaña electoral anterior. A "Sarko" no se le ocurre otra cosa que insultarla atribuyéndole el papel de portavoz del hijo del desaparecido dirigente libio, respuesta que, por el tono, miren por donde, alimenta todavía más la sombra de la duda o la sospecha. Los políticos, incluso aquellos que parecen llevar de manera muy suelta sus relaciones con los medios, al final quieren que estos les bailen el agua. "Oye, pregunta lo que quieras pero no me dejes quedar mal". Esta sigue siendo la terca realidad, que la vemos plasmada con relativa frecuencia, por ejemplo en el programa de TVE "Los desayunos" cuando Ana Pastor acorrala a sus entrevistados, sean del color que fueren. Esta periodista, tengo que decirlo, encarna el viejo método del periodismo, que, a mi modo de ver, ante un interlocutor, no es otro que representar la voz de la calle, buscar la contradicción en el discurso y no caer en la tentación de congraciarse con el reclamo de los oropeles y del poder establecido.