jueves, 22 de marzo de 2012

El papel prensa

El debate instalado en la sociedad sobre el futuro de la prensa escrita y el proceso de relevo del mundo digital por el del papel viene ocupando ríos de tinta todavía, congresos, asambleas y singular espacio virtual. Son dos orillas desde las que se teoriza, aunque ya con mucha estadística y literatura demoscópica encima de la mesa. Mi opinión personal, que no sé si funde con el deseo más que con el análisis objetivo, descansa en un relativo optimismo de supervivencia (Álvaro Paradela decía que optimista es aquel que sale de casa a las siete y cinco para subirse al tren de las siete) más que en las sentencias apocalípticas. Porque un producto en papel, verbigracia el libro, pone en marcha los cinco sentidos, algo que no puede suplir la oferta digital. Veamos. La vista se recrea en el objeto: su diseño, los colores, el formato, tipo de papel. El olfato: vamos, hombre, lo primero que hacen muchos lectores es sentirse atraídos por el olor del papel, las pastas, las tintas, aproximando el apéndice nasal a las hojas centrales del volumen. El gusto ¿o es que al pasar las páginas no mojamos el dedo y no "saboreamos" el producto consciente o inconscientemente? El oído: el bisbiseo inconfundible del movimiento de las hojas en el silencio de una sala de lectura o en la soledad de tu propia habitación, con el único ruido de fondo producido por el segundero de un reloj de mesa. Por último, qué decir del tacto, uno de los sentidos más potentes en todos los órdenes de la vida. Poder apreciar el volumen, manosearlo, hurgar en la capa y contra capa, el gramaje del papel...  En fin, salvo el primero de los sentidos, el de la vista que puede ser común a los dos productos: papel y pantalla de ordenador, tableta y sucedáneos, las demás propiedades son inalcanzables a pesar y por encima del sugestivo mundo digital. Argumentos de peso ¿o no?