jueves, 8 de marzo de 2012

Chacri Naruebet

Estos días en los que se habla de que Navantia va a revisar las turbinas del portaaviones tailandés Chacri Naruebet, recupero la memoria de un hito especial como lo fue para la historia de los astilleros de la ría ferrolana la botadura de aquella unidad naval, acontecimiento que he tenido el privilegio de cubrir informativamente, a la sazón trabajando en La Voz. Tal como se refleja en la fotografía de portada, incluso llegué a formalizar ciertos lazos de amistad con oficiales de la Marina tailandesa que me permitieron el acceso al portaaviones para fotografiarme con el comandante del buque en el momento de su partida hacia el país asiático. Digo que fue todo un hito porque era la primera vez en la historia mundial de la construcción naval militar que un país fabricaba un barco para una tercera nación, dato de gran alcance para el prestigio de nuestros astilleros, y en cuanto al protocolo porque con motivo de su botadura (20-01-1996) se dio la presencia en las gradas de la doble realeza, asistiendo las reinas Sirikit, de Tailandia, y la española Sofía. El Chacri Naruebet fue entregado a la armada tailandesa el 20 de marzo, se van a cumplir ahora tres lustros. Recuerdo la emotiva marcha y el ceremonial con el que se le despidió en el puerto cuando zarpaban rumbo a su país. Los marinos tailandeses habían hecho muy buenas migas con los ferrolanos, superando las enormes diferencias culturales y acomodándose a nuestros usos y costumbres. La pena fue que al poco tiempo de que el buque fuera recibido con gran alborozo por las primeras autoridades de Tailandia, el pequeño portaaviones, que se construyó teniendo como patrón el "Príncipe de Asturias", quedó poco menos que como objeto de museo ya que el país carecía de recursos para su mantenimiento. El precio del desuso se ve ahora que para ponerlo en marcha hay meter mano en las turbinas.  Estas y otras muchas son páginas que enriquecieron a lo largo de la historia la cultura de una ciudad abierta al mar, como es la nuestra.