martes, 20 de marzo de 2012

Por el mar corren las liebres

Ayer escuchaba a un tertuliano de la TVE afirmar que la sociedad española ya había asumido que los políticos cuentan mentiras durante la campaña electoral. Documentaba con ejemplos su aserto. Y este colega se quedó tan pancho y yo me quedé pasmando. Está claro que el periodista ironizaba (porque no se puede universalizar la sentencia, digo yo) pero, ojo, que la realidad no dista mucho del recurso dialéctico ¡Qué terrible pensar que la gente llegue a ver con naturalidad que las campañas electorales son una auténtica patraña! ¡A qué niveles de perversión podemos estar llegando, santo cielo! Qué buen alimento estamos sirviendo a los que creen y somatizan que cuanto peor, mejor. Porque no hay que olvidar que en las aguas cenagosas de la degradación suelen pescar iluminados salvapatrias.  Que los corruptos son unos tramposos está en consonancia una cosa con la otra, pero que los que aún no alcanzaron esa "categoría" -a lo mejor sobraban las comillas por aquello de que asistimos a un mundo al revés- también nos quieran hacer ver de lo blanco negro, es el colmo. Claro, luego te enteras de que el ínclito Urdangarín, miembro de la realeza, yerno del Jefe del Estado, cabalgaba sobre el delito porque se creía inmune, y caes en la cuenta de que aún hay quien va más lejos y toma el país por la jungla y a los ciudadanos por el pito del sereno. Así se escribe la historia. Con aquella canción aprendida de pequeño cuya letra dice: Vamos a contar mentiras tralará....por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas tralará...