miércoles, 8 de agosto de 2012

Resucita el ateneísmo

Estoy convencido de que el alcalde de Ferrol pondrá un poco de cordura en el conflicto surgido con la decisión de repartir la sede del Ateneo. Un conflicto que puede acabar como el rosario de la aurora, si se analizan las intervenciones que ayer se registraron en el curso de una asamblea en la que resucitó el ateneísmo. El centro cultural Torrente Ballester estaba colmado. Esto en un mes de agosto vacacional, día soleado, fiestas por doquier, era  impensable, al menos yo así lo creía. Asistí porque, como afirmé recientemente en esta misma sección, soy socio fundador con el número 318 (año 1976) y pertenecí a la segunda directiva presidida por Natalia Lamas. Estoy, por tanto, preocupado por la operación lanzada por Reyes García, concejal de Cultura. El ateneísmo es una marca, el ateneísmo es historia, el ateneísmo es prestigio sea cual fuere el signo o color de la directiva que lo capitanee. Hay ateneos por España adelante impulsados por corrientes de centro derecha y también de centro izquierda. Esta no puede ser una guerra de ideologías, al menos hay que evitarlo. Por encima de todo está la cultura en su sentido más vanguardista y amplio, lejos de sectarismos o comportamientos de gueto. Siempre he sido partidario de acudir al diálogo como modus operandi y es el que ahora invoco. Conozco a José Manuel Rey, con el que mantuve en su momento un trato cordial y, por eso, me cuesta trabajo pensar que este asunto lo deje deslizar por la pendiente del enfrentamiento y la reacción beligerante. Hay que atajar el desencuentro, hay que traer las aguas a su cauce  y el alcalde tiene todos los resortes en la mano. Hay argumentos jurídicos, históricos, funcionales y hasta emotivos que aconsejan frenar la decisión anunciada. Diálogo y búsqueda de soluciones coherentes, ese debe ser el objetivo. Lo contrario nos llevará a una situación decepcionante. Voto por la mediación y efectiva gestión de Rey Varela. El asunto trascendió las fronteras locales y numerosas personalidades de las ciencias, letras y la cultura gallegas están pendientes de lo que suceda con el Ateneo Ferrolán.