jueves, 16 de agosto de 2012

Ingeniería genética a la carta

Jean Cocteau señaló que el cine es como un sueño que muchas personas pueden tener al mismo tiempo. Hay quien compara esta sensación o tal vez experiencia con los programas reality en los que los individuos desean sentirse observados por millones de personas. Se observa como cada vez es mayor el número de personas que están dispuestas a enseñarnos sus vidas en público, lo que a su vez genera una irrefrenable ansia, que algunos califican de voyeurista de una masa de espectadores que combinan el cotilleo con el morbo de la intimidad, de lo escatológico, de lo sexual. En programas de televisión hemos visto y vemos una variante. Se trata de mejorar la imagen física de aquellas personas que no se encuentran a gusto consigo mismas. Con tal motivo se pone en marcha un equipo de profesionales diversos que se ocupará durante semanas de pulir el aspecto de los voluntarios. Esto, que en si mismo tiene su relevancia, cobra el matiz especial delante del hecho de que los cambios son transmitidos por la televisión.   Concluimos con Víctor Zarza (Revista de Occidente) que estamos ya en el estadio que nos permite controlar procesos naturales y que en breve la ingeniería genética será capaz de complacernos a la carta. Esto responde a una preocupación creciente por el culto a nosotros mismos. Hay ejemplos, algunos muy sonados como el caso del ya desaparecido Michael Jackson, que modificó la pigmentación de su piel y miles de japoneses que quieren retocar sus trazos orientales. ¿Tendemos a la hibridez?Y ya rizando el rizo, con frecuencia vemos a personas, hombres y mujeres, que no solo se ocupan de cambiar rasgos que están a la vista sino también aquellos más intimos, como pueden ser los órganos genitales. El pensador Walter Benjamin decía que la humanidad, que en los tiempos de Homero era un objeto de contemplación para los dioses, ahora es objeto de contemplación para si misma. "Su autoalienación alcanzó tal grado que puede experimentar su propia destrucción como un placer estético de primer orden", refiere el filósofo. Qué miedo da esto ¿no?