martes, 1 de enero de 2013

Oración laica para el día de Año Nuevo


¡Feliz Año Nuevo! No es el caso hacer balances de lo que pasa a nuestro alrededor e incluso un poco más allá. Porque, una vez más, nos veríamos obligados a meter el dedo en la llaga de las vergüenzas y miserias que sufrimos buena parte de los españoles y europeos, en general, aunque unos más que otros,  mientras una minoría, que es la que tiene el poder económico y la sartén por el mango, vive ajena a tanto sacrificio y dolor colectivo. Y que nadie les toque. Ya lo vimos en Francia y también en EEUU. Esos comentarios, lo prosaico de cada día lo dejamos sobre la mesa . Tiempo habrá, aunque a decir verdad nuestro particular muro de las lamentaciones debe de tener ya el aforo colmado. Simplemente, quería hacer llegar mi mensaje preñado de emociones, sentimientos y carga positiva a todas aquellas personas en las que anida la lealtad y la nobleza, las que a pesar de todos los pesares no abdican de su espíritu crítico, no abandonan el pundonor de la pelea cotidiana, las que contra las adversidades siguen creyendo en una escala de valores cívicos, en la ética de una convivencia democráticamente sana, en la limpieza y transparencia  de la conducta pública, en un mundo más justo y solidario, en el que prime la dignidad humana frente a los que solo piensan en la usura y el beneficio económico, los que carecen de escrúpulos y roban a mansalva con guante blanco o guante negro y humillan y causan el oprobio de los más desfavorecidos. Parafraseando a Serrat, entre estos tipos y yo hay algo personal. Queden estas líneas como una oración laica en el primer día del Año Nuevo que quiero compartir con muchos ciudadanos, que los hay, que están en la misma sintonía y que participan de una cultura de resistencia, lejos de la recurrida y estereotipada "cristiana resignación". Nunca a la esperanza hay que cerrarle todas las puertas y mucho menos cuando más la necesitamos.