lunes, 21 de enero de 2013

Las vicisitudes históricas del Ateneo Ferrolán



Guillermo Llorca, en su etapa de presidente, y Camilo Nogueira
No parece que el Ateneo, una entidad que es motivo de orgullo en muchas ciudades españolas, tenga en Ferrol los vientos a favor. Por unas razones u otras, a lo largo de su historia ha sufrido diversos avatares, aunque hay que subrayar que la época actual, después de la refundación en 1979, ha sido la más duradera, algo más de tres décadas. En tres ocasiones tuvo Ferrol su Ateneo, el primero creado en el año 1878, con duración de seis meses, el segundo en 1902 para desaparecer tres después y hasta 1933 no vuelve a resurgir en su tercera edición para desaparecer en el 1936 con la Guerra Civil. Cuando renacía el Ateneo actual, el Cronista Oficial de la Ciudad, Ricardo Nores, expresaba en el desaparecido Ferrol Diario su temor a que la refundación pudiera ser flor de un día, tomando como precedente la característica intermitente de su anterior trayectoria. Las razones de sus desapariciones y reapariciones eran siempre las mismas, según el citado cronista, esto es, la indiferencia y escaso respaldo de los socios. No obstante, la cuarta edición del Ateneo surgió con pujanza, coincidiendo con el advenimiento de la democracia y la efervescencia del libre asociacionismo, tras la muerte del dictador. A lo largo de más de treinta años tuvo sus altos y bajos, como suele suceder en este tipo de entidades, pero siempre ha tenido una masa social considerable. Ahora, con la reforma y ampliación de la sede, prometía recuperar el brío de sus mejores etapas, al disponer de un local mucho más funcional y atractivo, con los espacios mejor distribuidos, pero la concejalía de Cultura ha decidido eliminar la exclusividad del Ateneo en la ocupación de la sede para repartirla con otras dos entidades, una cultural y la otra vecinal. La iniciativa dio lugar a muchas lecturas toda vez que se pretendía o pretende eliminar el nombre del Ateneo para sustituirlo por el genérico de complejo cívico Concepción Arenal, o algo así. Yo lamento profundamente el conflicto surgido como lamento el que no se haya llegado a un acuerdo. Lo he dicho en otra ocasión, soy socio fundador y he sido miembro de la segunda directiva allá por los años 80, soy por tanto de corazón ateneísta. Es más, fui facultado por un familiar, que tenía la propiedad de la vivienda, para ceder en alquiler simbólico el piso de la calle del Sol que sirvió como primera y eventual sede de la histórica entidad. Hubiera deseado que el Ateneo recuperase su poderío cultural en el rehabilitado edificio y que en todo caso se negociase algún tipo de condición para los usos, pero veo que la situación se mantuvo inamovible y recientemente, en el curso de un pleno del Concello, se consumó el reparto de la sede de Magdalena, con protesta, visible en la sala, de socios y personal ateneísta. Mal desenlace.