martes, 8 de enero de 2013

Mujeres luchadoras


Ayer asistí al duelo por la muerte de Carmela. La había conocido en los años setenta, saliendo de la dictadura. Entonces estaba casada con Suso Díaz, un sindicalista de la antigua Astano que luego sería jefe de Comisiones Obreras de Galicia. Estuve en más de una ocasión en su vivienda de San Valentín (Fene). Sus hijos, incluida la hoy parlamentaria gallega y exconcejala de Ferrol Yolanda Díaz, correteaban y gateaban por el pasillo de casa. Luego, ya adentrados en la democracia, la perdí de vista. En más de una ocasión me interesé por ella a través de Yolanda. Carmela fue una luchadora en el terreno de las libertades y la democracia, pero no solo peleó en ese frente, también lo hizo en el plano personal y familiar, cuando, por circunstancias que no vienen al caso, tuvo que buscarse la vida superando no pocas dificultades. Ayer, en un obituario compartido en el tanatorio en donde fue incinerada, en el que intervino, entre otros, el profesor Alonso Montero, otra veterana e histórica luchadora, Sari Alabau Albors, resumía emocionada la trayectoria de Carmela, diciendo que quizás se la haya conocido primero como la mujer de (Suso Díaz) y luego como la madre de (Yolanda Díaz) para resaltar ese anonimato en el que a veces se envuelve la trayectoria de personas sin cuyo concurso amoroso, de tutelaje y seguimiento, las cosas no serían como son para los seres queridos que tienen a su lado. Sari Alabau me llevó a recordar el papel, nunca debidamente reconocido por la sociedad, que muchas mujeres cumplieron asumiendo el compromiso personal de la lucha por un mundo mejor, más justo y solidario, además de sufrir las penalidades de la clandestinidad, de la prisión e incluso de la tortura por las que atravesaron sus parejas en tiempos políticamente difíciles. Algunas de esas ferrolanas acudieron ayer a rendir el último adiós a Carmela. Con bastantes de esas mujeres tejí yo muchas crónicas en los años de la muerte del dictador y de la Transición en el desaparecido Ferrol Diario. Constituían una fuente de información valiosa que suplía la interlocución directa con sus maridos o compañeros encarcelados por su valiente actitud antifranquista. En el recuerdo y el dolor de la ausencia ante la inesperada muerte de Carmela Pérez, quiero tributar un justo y personal reconocimiento a todas esas mujeres que, camufladas en el rol de consortes, también lucharon, sufrieron y contribuyeron a la conquista de la libertad y la democracia.

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