domingo, 13 de enero de 2013

La transparencia y vigilancia democráticas


Ayer me detuve solo unos instantes en el llamado "gran debate" de Tele5. Fue el momento en que los tertulianos se referían a la corrupción política. Nadie la justificaba, faltaría más, y tampoco se producían encendidos desencuentros, antes bien había coincidencias puntuales en las exposiciones de los dos  típicos "bandos". Sí me llamó la atención el intento de alguno de los invitados de pretender diluir el problema diciendo que la corrupción se daba también en otros universos tales como los de la justicia, o el propio periodismo. En este caso discrepo porque ni los jueces ni los periodistas, por citar dos de los varios ejemplos que allí se dieron, son elegidos por los ciudadanos, por tanto carecen de poder representativo y su papel nada tiene que ver con la misión de gestores de la cosa pública. La exigencia pesa sobre quienes acuden a la política para administrar los intereses de todos, aunque, naturalmente, sea reprobable que el fenómeno salpique a otros sectores. También hubo elementos para la autocrítica en tanto en cuanto los ciudadanos llegado el momento apoyaban en las urnas a personajes a pesar de estar estos involucrados en diversos procedimientos en curso. Es verdad, es un hecho objetivo, pero que tiene su origen en el propio sistema. No hay listas abiertas y si el partido no ha sabido o no ha querido depurar, al votar a las siglas, el elector apenca con lo bueno y lo malo de las papeletas. Pero aquí nos encontramos con que a las dos grandes formaciones les interesa continuar con el bipartidismo y al blindarse limitan la limpieza e incluso la libertad en el procedimiento. A esto se suma otro hecho que no ha de pasar desapercibido y es que al estar todos implicados en la corrupción, en mayor o menor grado, ninguna de las formaciones se obliga a utilizar los mecanismos ya existentes que permitirían velar por el ejercicio de la transparencia y de la debida vigilancia democrática. Estoy convencido de que si no se revisan los modelos, seguiremos en las mismas, tristemente.