viernes, 18 de mayo de 2012

Un lago que marca un antes y un después

La verdad es que el lago de As Pontes ha hecho cambiar la fisonomía del paisaje radicalmente. Un tuitero compartía ayer unas fotos aéreas, de gran belleza, por cierto, que no dejaban lugar a dudas. La panorámica general, la playa, la isla sugerían un cambio de escenario natural de tal envergadura que creo que puede hablarse de un antes y un después en la historia de la villa. Todavía en la retina aquellos terrenos yermos, aquella inmensa superficie, absolutamente desnuda después de habérsele extraído el alma de sus entrañas y jalonada por aquellas máquinas gigantes ya en desuso con sus larguísimas colas mecánicas, todo lo cual daba una imagen de total empobrecimiento e infertilidad, contrasta ahora con la siempre sugestiva y vivificadora sensación que despierta la presencia, en este caso impactante, de una gran masa de agua. Pronto esas aguas por definición tendrán vida, dicen que ya se ven algunos peces, y se podrán disfrutar en todos sus usos de solaz y recreo, como cancha de deportes náuticos, etc. Al margen de esas fotos servidas por un usuario de twitter, yo ya tuve la oportunidad de transitar varias veces por la vía Ferrol-Vilalba desde la que se contempla, con el plus de la proximidad, la grandeza de la obra. Sin duda, los ponteses ya se han familiarizado con la estampa al ver evolucionar en los últimos años el llenado del hueco que dejó el yacimiento y acostumbrados ya a la panorámica cabe suponer  que no adviertan la espectacularidad que, sin embargo, genera y generará en los visitantes y foráneos. Solo resta esperar que se permita la libre circulación por el entorno de ese gran lago artificial que hoy causa el natural asombro. Desde luego cumple ya desde hace algún tiempo como un singular reclamo para el turismo interior, allí donde se levanta una chimenea que fue en su día una de las más altas de Europa y, lamentablemente, también de las que lanzaba mayores oleadas de contaminación. Podría pensarse que el lago y la rehabilitación de su contorno natural intenta ser una especie de desagravio. Y una observación final. En esta reflexión me he limitado a describir someramente lo que se ve y no entro, porque carezco de datos, en algunas objeciones hechas por ecologistas  y expertos geólogos acerca de la calidad de las aguas o de los peligros que encierra ante posibles movimientos telúricos, matizaciones que me merecen, por descontado, todo el respeto.