lunes, 9 de diciembre de 2013

"Mandan los mercados", "manda el BCE", "manda el FMI", "manda Merkel"... ¡Manda carallo!


Uno, que es niño de la posguerra, nacido a la luz del candil, plancha de la ropa alimentada con brasa, cocina económica atizada con leña del país, lareira  activada con soplete, bistec los primeros días de mes, juego de parchís con unos cartuchitos de higos y pasas, como regalo de Reyes, estreno de zapatos el día del patrón, o de la primera comunión...ha visto como sacábamos cabeza, se conquistaban avances en los derechos sociales, laborales, fundamentales, fue testigo del advenimiento de la democracia, aprobación de la Constitución, elecciones libres, ingreso en la UE, construcción del estado de bienestar, etc. Todas estas vivencias y otras muchas, que no es menester citar una por una porque sería muy cansado, me hacían creer que era un privilegiado y como yo todos los que hemos empezado a crecer en la dictadura y maduramos en la democracia. Sin embargo, tengo que confesarlo, de un tiempo a esta parte me invade cierta melancolía -que, podía ser peor, es una tristeza suave, según el recordado pensador y amigo Carlos Gurméndez, filósofo de las pasiones y los sentimientos- al ver y sufrir todo lo que  está sucediendo: la llamada crisis económica que no es sino el castigo de los grandes y poderosos a toda una sociedad trabajadora a la que hace pagar los excesos que ellos cometieron, el enquistamiento del imperio de la mentira, las bajas pasiones de la política y los políticos, la perversión de principios elementales de una convivencia sana y democrática, abajo la ética y la honestidad, arriba el robo y el enriquecimiento ilícito. En mi estado de jubilación observo impotente como la sociedad se resigna: "Es lo que hay", "mandan los mercados", "manda Europa", "manda el BCE", "manda el FMI","manda la Merkel"...¡¡Manda carallo!! Por eso que a mi, que, en las redes sociales, me gusta filtrar la actualidad, echar mano de titulares y pasarles el colador de la ironía, el humor, el sarcasmo, como método de ejercitar la crítica, me entra muchas veces la tentación de abandonar, porque me cansa, me repugna, me subleva, me hacer escribir con las tripas. Pero, al final, piensas que resistir es vencer, estereotipo de mayor o peor fortuna, y continúas, aunque necesitas desahogar, que es lo que acabo de hacer. Con tu licencia, amigo lector.