lunes, 23 de diciembre de 2013

"Chuspi": una lección más de fidelidad


"Chuspi"
Un sobrino me acaba de enviar a través de facebook una foto en la que además de aparecer él y su hermano, se ve a un perrito que inmediatamente me ha retrotraído en el tiempo (más de 40 años atrás) con una historia que diría llena de ternura y humanidad si no fuera que se trata de un animalito, al que llamábamos "Chuspi". No me acuerdo de las razones de este nombre. Era pequeño, de raza cruzada. Pero si no hablo de humanidad sí que hablo de la proverbial fidelidad del perro. Era verano y un día decidí, cosa que nunca había hecho, llevar al "Chuspi" a la playa, uno de estos hermosos arenales, vírgenes aún hoy, de mar abierto, que jalonan la costa ferrolana. Al llegar, el perro se mostró extrañado con la arena, las olas, los bañistas...y no se separaba de mi, jugueteando constantemente, siempre muy pendiente de mis movimientos. En esto hizo acto de presencia un niño, de unos diez años, que le hizo gracia el caniche y pronto familiarizaron. Aproveché la oportunidad para darme un chapuzón. Andaba yo haciendo unos "largos" cuando veo venir a "Chuspi" escopetado, nadando como si naciera al pie del mar, cuerpo sumergido, cabecita erguida sin quitarme la vista de encima. Yo salí a su encuentro y el animal se lanzó a mi como queriendo agarrarme, poniéndome perdido de arañazos. Me deshice como pude del animal y este decidió subirse a una roca baja, que había en las proximidades. Desde allí, mirándome empezó a lanzar gemidos, mientras yo me sumergía y volvía a sacar cabeza una y otra vez, muy incómodo porque el agua salada impactaba en los arañazos y me provocaba molestias. El perro al ver que hundía todo el cuerpo en la mar volvió a lanzarse al agua y desesperado intentó agarrarme de nuevo. El episodio había despertado ya la curiosidad de todos los bañistas que seguían las evoluciones del perro y su amo. Un hombre de veterana edad se introdujo en la mar, se acercó a mi y me dijo "estábamos comentando en la playa que el perro no es que quiera jugar contigo sino que está angustiado porque cree que estás en peligro y se lanza a ti porque quiere rescatarte". Sin pensarlo retorné a tierra firme manteniendo la distancia con "Chuspi", que me seguía. Al pisar la playa nos fundimos en un abrazo. No paraba de lamerme y yo de acariciarlo. Junté su cabeza con la mía.  Se me puso el nudo en la garganta. A los que observaban la escena les brillaban los ojos de una emoción contagiada. Todos llegaban a la misma conclusión: el perro temió por mi vida. Yo no había reparado en ello. Todavía hoy, al recordarlo, se me pone la piel de gallina. Los animales nos suelen dar a los humanos muchas y hermosas lecciones. Esta, en lo que a mi respecta, para no olvidar. Y para contarla.