jueves, 31 de octubre de 2013

De beatos y mártires de la Guerra Civil



Hace unos días se llevaba a cabo una beatificación masiva (522) de religiosos muertos en la Guerra Civil. Ayer saltaba a los titulares de la prensa una propuesta del PSOE de  trasladar las cenizas del dictador Francisco Franco a otro lugar para que el Valle de los Caídos  se convierta en un emblema de la reconciliación. La beatificación y la propuesta de los socialistas no guardan relación directa, pero sí tienen algo en común, las consecuencias de una contienda fratricida. El caso es que ambos episodios me hicieron recordar a un militar que llegó a ser ministro de Marina y que fue condenado a muerte por ..."un delito de abandono de destino del Jefe del Arsenal ante rebeldes y sediciosos, inhibiéndose en sus funciones, retirándose a sus habitaciones particulares y oponiéndose a que se declarase el estado de guerra en esta plaza". Él señaló en el juicio sumarísimo ..."consideraciones de carácter militar me impedían en absoluto el sumarme a un acto que consideraba sedicioso". Antonio Azarola Gresillón (Tafalla 1874, Ferrol 1936) era un ferviente católico que pidió confesar y comulgar poco antes de que lo pasasen por las armas, un 4 de agosto de 1936. El pelotón de la muerte lo asesinó en la parte de atrás del cuartel ferrolano de Dolores. La sangre que trató de evitar, manteniéndose al margen de las consignas, provocó que corriera la suya por el empedrado suelo del citado acuartelamiento. Azarola Gresillón, tras ser ministro de Marina, aceptó destino en el Arsenal de Ferrol en donde lo pilló el golpe. ¿Que calificación le asignaríamos a este ejemplar creyente: mártir, beato, santo? Quiero con este caso recordar que beatos y mártires los hubo en ambos bandos y que ese reconocimiento sigue siendo, paradójicamente, una asignatura pendiente de la llamada reconciliación nacional . Hay todavía un sector de la sociedad española que no abandonó la dialéctica de vencedores y vencidos y que no es capaz de objetivar lo ocurrido. Se quiere ignorar que hubo muchos otros beatos y mártires que todavía hoy, setenta y siete años después, parecen condenados a la condición de vencidos y, además, olvidados. Un artista (pintor) y columnista ferrolano ya fallecido, Camilo Pena Casal publicó en el número 11 de  FerrolAnalisis (Julio de 1997) un corto ensayo sobre la figura de Azarola, que terminaba así "No me gustaría que nadie intentase ver "fantasmas" en todo lo aquí narrado, pues es solo el producto de la lectura de unas dos docenas de libros sobre estudios de distintas épocas de nuestra historia y la aportación personal, que me facilitó destinos, medallas, cursos, etc. llamándome la atención, a pesar de haber sido ministro, que no figure una breve reseña biográfica en nuestra mejor enciclopedia Espasa Calpe ¿por qué?". Añadiré que el Ayuntamiento de Ferrol, en febrero de 2011, con gobierno socialista, le dió el nombre de un espacio público a este militar en un acto al que acudieron familiares del marino.