sábado, 2 de noviembre de 2013

Agnóstico del sistema


No es que no esté deseando la recuperación, la deseo fervientemente, como todo el mundo, sin duda, pero tengo la sensación estos días de que estoy viendo la sesión de fuegos artificiales que se lanza al aire en mi pueblo en la noche del 31 de agosto. Montoro que vamos a asombrar el mundo, las exportaciones que se duplican, una agencia que deja de ponernos el suspenso, la prima que baja, el precio del bono a 10 años que se sitúa a niveles del 2010, algunos parados menos, "aterrizaje"en nuestra propia ciudad  ferrolana de grandes áreas comerciales, como ya comenté, que levantan la paletilla a quinientos convecinos...en fin, qué queréis que os diga, amigas y amigos, que todo está muy bien, o regular, o como sea, pero la incredulidad me tiene maniatado y en tanto no vea realmente, con signos claros, bajar los índices del desempleo y erradicar con datos convincentes las estadísticas de pobreza severa y mientras no dejen de apretar las tuercas de la desdichada austeridad y hasta que reactiven las prestaciones sociales para los más desfavorecidos, el I+D, la sanidad, la educación, la cultura...yo no celebro nada. Además, también lo confieso, mientras no vea que los partidos políticos y las organizaciones sindicales se regeneran y rompen con el pasado, de palabra y obra, y que la Justicia deja de dar la imagen patética -afortunadamente hay excepciones-de jueces y fiscales que actúan de correa de transmisión del poder establecido y mientras no vea a todos los "chorizos" que nos han estado robando y presumen de ello, metidos entre rejas... pues va a ser que no voy a celebrar nada. A pesar de que se extingue la luz del final del túnel, que incluso el túnel ya no existe, que el periscopio de los gobernantes avista tierra firme y horizontes despejados...no tengo ganas de celebrar nada. Veo un país decadente económica, social y moralmente, con el fenómeno de corrupción metido hasta las entrañas del propio Estado, sin distinción de colores, haciendo bandera de la mentira de la manera más reprobable y descarada... Es que aquí y ahora no puedo celebrar nada. Ah, pero nadie me va a arrancar la esperanza de que vamos a salir de este lodazal, pagando, eso sí,  un alto precio, pero saldremos porque creo en el papel corrector de la sociedad y en la recuperación de valores perdidos, imprescindibles para una convivencia democráticamente sana. Actualmente, soy un agnóstico del sistema, pero me aferro a la esperanza. Vuelo en las alas de la utopía.