sábado, 16 de noviembre de 2013

Ni gaseros, ni floteles, ni fragatas



Realmente, si hacemos caso a las informaciones que circulan, lo de Navantia es patético. Se mueve entre los desaciertos y un hipotético maleficio para los menos críticos y acaso màs supersticiosos, los de ¡qué mala suerte!Veamos. Los gestores de la compañía naval llegan tarde a las adjudicaciones, caso de los gaseros de Repsol, que allá se van para Japón y Corea. Los contratos de Pemex, aunque creo que me repito, parecen responder al guión del cuento de la buena pipa, que un día le contaron  las petroleras mexicanas al presidente gallego Núñez Feijóo, quien ahora, lógicamente, carga con las consecuencias de la alegría que le transmitieron en su día los ejecutivos de aquel país. La Armada que, por razones de crisis, no puede encargar más barcos. (Por cierto, dicho sea entre paréntesis, esta es la gran paradoja o la contradicción existencial de un pueblo que defiende la paz, pero construye barcos para la guerra. El acero y el gris naval son señas de identidad históricas. Los buques, civiles y militares son los que nos han dado de comer desde que los Borbones se fijaron en nuestra privilegiada ría). Retomando la cuestión, de ser ciertas las noticias que ayer cobraban titulares en algunos medios digitales, la cúpula de Navantia debería de caer fulminantemente por no dar palo al agua. Feijóo alguna penitencia ha de pagar. Cada vez que le hablan de Pemex le salen ronchas ya que sobre él pesa la responsabilidad política y el, hasta ahora al menos, fracaso de la gestión de los dichosos floteles. Y la Marina, que de buena gana seguiría con el plan de modernización de las fragatas, pero que ha de limitarse a la cristiana resignación, porque la situación es la que es. Y así como en Ferrol tiraríamos cohetes con la adjudicación de contratos para la Armada, otros sectores de la ciudadanía, más allá de Pedrafita, protestarían por el empleo de millones de euros en Defensa cuando hay un 20% de españoles en situación de exclusión social. Mientras tanto, a los trabajadores de los astilleros los entendemos y nos sumamos en su indignada reacción de movilizarse por calles y plazas, ante el riesgo que corren miles de familias de engrosar las escandalosas listas del paro.