sábado, 30 de noviembre de 2013

La difícil papeleta de Cándido Méndez


El líder ugetista conversa con la periodista
Ana Pastor, de la Sexta TV.
En este panorama convulso en el que nos movemos, en el que la perversión, de palabra y obra, campa a sus anchas, uno, que es así de ingenuo cree, tiene que creer, que aún quedan espacios y personas en los que anida la honestidad, la coherencia y, en definitiva, esos valores y principios que dan cuerpo de naturaleza al que debiera ser el noble ejercicio de la política, de la acción institucional, de la sana convivencia en sana libertad y democracia. Pero cada día que pasa ves que son menos las tablas de salvación, que los recursos a los que uno puede asirse menudean, que, a la postre, hemos montado una sociedad sobre arenas movedizas, falsos techos, paredes de pladur, cristales tintados... Leo unas declaraciones del líder de UGT Cándido Méndez en las que pone de manifiesto que en su sindicato habrá dimisiones, pero no la suya. (Justo cuando esto escribía se anunciaba la dimisión del secretario general de UGT de Andalucía). Precisamente porque, al menos hasta ahora, estaba convencido de la integridad moral y cívica de este significado sindicalista, creo que pierde una oportunidad de oro de salir por la puerta grande si en este momento, tal vez antes, incluso, presentara su dimisión. Pienso que no debe justificar el hecho de que él no haya intervenido directamente en el escándalo de las facturas falsas y demás fechorías, o que las federaciones territoriales tienen personalidad propia con el resultado de que el aparato central del sindicato no se entera de lo que sucede en la periferia. Méndez es el responsable primero y último de la pirámide organizativa de la central obrera que lidera. En el programa "el objetivo" de la Sexta Tv llegó a sincerarse cuando dijo que en algún momento había pensado en dimitir. He ahí la vacilación y, a mi modo de ver, tal vez la debilidad frente a la grandeza de asumir sin ambages su responsabilidad. Ya que de las otras nada se puede esperar, hay, no obstante, determinadas personas en las que presumes ese arranque de ética y coherencia. Marcando diferencias. Sin embargo, tampoco.