martes, 26 de noviembre de 2013

El grito de la desesperación




La movilización, ayer
Foto de Jorge Meis (Diario de Ferrol)
Los trabajadores de los astilleros de la ría se manifestaron ayer en Santiago. El personal del sector se subió al tren de la movilización allá por los años ochenta y no solo no se ha apeado desde entonces sino que, de nuevo, ha de apretar el acelerador de la protesta como "eterno" recurso ante la carencia de pedidos debido a la inutilidad de los gestores. La brillante ingeniería, la mano de obra cualificada, la principal, las auxiliares, lo que quedaba de todo esto después de varias reconversiones va a entrar, en corto espacio de tiempo, en vida contemplativa, mirando al cielo a ver si la Providencia obra el milagro y suple la incapacidad de aquellos que en teoría tienen la obligación de vender lo que mejor sabemos hacer en Ferrol, que son los barcos. Lo escribíamos el otro día. Hasta aquí se ha venido hablando de los floteles para Pemex, los gaseros para Repsol, la continuidad de las fragatas para la Marina, el dique flotante para el gran centro de reparaciones... Humareda y solo humareda. Claro, quienes tendrían que estar apoyando con el ejercicio de alta política operaciones de la envergadura de contratos de grandes y sofisticadas unidades navales, han de estar, sin embargo, deshaciendo un día sí y otro también la madeja de la corrupción, de las donaciones ilegales, de las dobles contabilidades, etecé. En otros países es el propio presidente del gobierno de la nación el que media y apoya gestiones de gran factura porque no solo hay que presentar una buena oferta sino que hay trabajarla desde la diplomacia y la acción institucional. Por arriba, nadie se mueve y en todo caso cuando alguien habla, como el ministro Soria este día, la caga, con perdón. No sabe ni de lo que va la historia. Si descendemos un peldaño en la Administración y nos quedamos en el gobierno autonómico habrá que decir que a Núñez Feijóo le doraron un día la pildora con los cacareados contratos de Pemex, con fotos para la posteridad, manos entrelazadas simbolizando el pacto, declaraciones ilusionantes, pero hasta el momento, y el tiempo pasa y pesa para las familias que se ven a las puertas del paro, el resultado es de cero patatero. Por eso, al presidente gallego le ha tenido que llegar el clamor de los trabajadores de Navantia. Es el grito de la desesperación. El personal del Naval no va a explorar sobre las causas: si a Feijóo lo engañaron o si el Presidente se lanzó a la piscina en su día para sacar de delante la presión. El personal lo que sabe es que no existe carga de trabajo y así lo han puesto de manifiesto en su viaje-protesta a Compostela.