jueves, 3 de octubre de 2013

Del asociacionismo actual a la Sociedad de los sastres de Ferrol de principios del siglo pasado


En más de una ocasión se ha dicho o escrito que Ferrol es la ciudad de Galicia que registra un mayor índice de asociacionismo en proporción al número de habitantes. No me atrevería a afirmarlo porque no tengo datos para poder hacer una comparativa y si alguien lo hizo será porque estaba documentado, pero sí se puede comprobar en la web del Concello que existen inscritas 365 asociaciones en total, llevando la palmita, como no podía ser de otra manera, las de carácter deportivo con 161. Le siguen las entidades de signo cultural en número de 73 y ya a distancia tenemos las sociosanitarias y de diversidad funcional (39), vecinales (33), benéficas (19), de jóvenes (18), de mujeres (12), ecologistas (7) y otras (3). Este dinamismo cultural, social, deportivo, solidario, de todo tipo, en suma, mantiene el vigor a pesar de la gran merma que sufre el número de habitantes, actualmente en algo más de 72.000, cuando en los años ochenta superábamos ligeramente los 90.000. Se me ocurrió sacar a colación este tema y de paso refrescar la memoria con la situación actual del asociacionismo, después de leer en El Correo Gallego un suelto fechado en la primera década del siglo pasado en el que se daba cuenta de la creación de La Sociedad de sastres de Ferrol. Inmediatamente relacioné esa impresión que circula entre la sociedad ferrolana y que, por tanto, yo también tengo, de que somos muy participativos y enseguida nos organizamos. Pero he aquí que seguí leyendo y observé -ahora viene lo anecdótico- que la sociedad de sastres en cuestión se ponía en marcha porque ni quisque  pagaba los trajes, permítaseme la hipérbole. Veamos una nota que emite la entidad: "Se ha establecido en Ferrol una Sociedad de sastres con el fin de defender los intereses de esta clase, abandonada por los mismos industriales que la profesan (no faltaba la autocrítica) y en su Reglamento, artículo 1 se dice que llevarán un "libro negro" en el que consten los nombres de los malos pagadores para evitar engaños a sus colegas de fuera de la localidad". Paralelismos encontrados si pensamos, en tono jocoso, que en el Ferrol de los años veinte no se pagaban los trajes como tampoco se pagaban, al menos hasta hace poco, en Valencia, con la diferencia de que allí se los regalaban al ex presidente Camps y amigolos de gabinete y aquí se quedaban a deber. Los sastres ferrolanos querían acabar con la "peste" recurriendo a las listas negras de los morosos o los libros negros de los "malos pagadores". Vean ustedes por donde, en todas las épocas se cuecen habas.