lunes, 7 de octubre de 2013

De la "Peña del Desengaño" a la vigía del Segaño.


La boya del Segaño
Hace algún tiempo hallé en El Album Ibero Americano, digitalizado por la Biblioteca Nacional de España, una leyenda muy romántica, especie de melodrama, escrita por José Luis de León, que la fecha en "Ferrol, julio de 1891", si bien es publicado el 22-09-1892. La titula como "La Peña del desengaño". No la ubica en el tiempo, quedándose con la generalidad de que sucedió "hace muchos años". Bien, pues el fantástico relato nos sitúa ante dos jóvenes, Juan Almeida, 25 años, "mozo robusto como un pino, valiente como los hurones y un habilidísimo gaitero solicitado en todas las romerías...nacido en una casita muy modesta situada al borde de la playa de Coitelada, cerca de la iglesia de Chanteiro....creció pescando mariscos entre las grietas de las rocas..." y María de la Purificación, 18 años, "tenía los ojos azules como los horizontes de Monteventoso en los esplendorosos días de primavera. Sus rubios cabellos caían en finísimas guedejas sobre su frente...La linda rapaza era, pues, un conjunto de líneas y contornos capaces de hacer perder los estribos al mismo Rafael si la hubiese conocido antes que a Fornarina..." Dice el autor que estos jóvenes se encontraban todas las tardes en el monte y un buen día "sobre la cumbre del cabo Prior apareció una nube de forma caprichosa, cuyos matices violáceos presagiaban algo siniestro...En la playa de Cobas se atropellaba el oleaje con espantosa furia, formando, al estrellarse en aquel inmenso cinturón de arena, montañas altísimas de espuma...María de la Purificación temblaba entre los brazos de su amante...Juan Almeida tendía su mirada al horizonte con la esperanza de ser héroe una vez más, salvando a un náufrago en presencia de su amada". El fabulador narra la presencia de un barco en medio de aquel temporal que describe con todo tipo de detalles y repentinamente Juan Almeida vio asido a un frágil madero como un marinero luchaba con la muerte. Se lanzó al mar y y nadó hasta el centro de la ría de Ares, asió con los dientes el cuerpo casi inanimado del marino y después de grandes esfuerzos lo depositó en la arena. Pero el bravo salvador no contaba con una inmensa ola que lo envolvió y tras largas horas, calmado el mar, tocó tierra en la costa de enfrente, herido y agotado. Cerró la noche y María de la Purificación, desesperada, descendió a la playa en busca de su amante. Vio un cuerpo tendido en la arena, creyó ver a su prometido, apretó con ambas manos su corazón y cayó desplomada sobre él, "inundándole de besos y volviéndole a la vida con el calor de su seno ansioso, palpitante".. Al amanecer, la guapa moza, se encontró en brazos de un marino extranjero...seis días después embocaba el Canal de la Mancha con rumbo a Inglaterra, una barca holandesa de tres palos conduciendo a María de la Purificación, "que prefirió abandonar por siempre su nido de amores a presentarse de nuevo al rudo marinero, llevando sobre su frente el estigma de la deshonra". Juan Almeida pasaba los días y las noches esperándola en lo más alto de la roca donde la abrazó por última vez "dejadme morir aquí, en la cúspide de esta montaña-dijo a unos vecinos que le traían ropa y alimentos- añadiendo "si fue para vuestro pobre Juan paraíso de venturas y atalaya de impulsos generosos, será en adelante para su corazón la Peña del Desengaño." Terminaba José Luis de León su historia "en la cima de aquella peña y en el mismo lugar en que se alzaba la desierta morada de la linda pastora, construyeron los marinos, andando el tiempo, esa vigía situada al extremo sur de la desembocadura de la ría de Ferrol y que, por corrupción, figura hoy en las cartas oficiales con el nombre de Vigía del Segaño".