miércoles, 4 de septiembre de 2013

Parrocheira




Cartelería de los años cincuenta del siglo pasado
Este fin de semana se celebran en el barrio de Ferrol Vello las tradicionales fiestas de la Parrocheira. Parrocheira viene de parrocha, una especie de sardina pequeña que las pescadoras salían a vender por casas y calles. "La parrocha es humilde, casi franciscana. No se ve en los restaurantes de lujo. Prefiere las tascas y la mesa humilde de los pescadores de bajura. Le encanta que la coman  con las manos, y mejor tocándola con las yemas de los dedos", escribía Carlos Polo en la revista de fiestas de 1966. La parrocheira es un apelativo cariñoso adjudicado por las vendedoras de pescado a Nuestra Señora del Socorro, patrona del citado núcleo urbano. Estas fiestas vienen a ser algo así como el broche de una cadena de romerías y festejos veraniegos que se han venido sucediendo por la comarca. Coincide con la fiesta de As Peras de Pontedeume. Más allá, el 11 y 12 de septiembre tenemos las de Santa Uxía de Mandiá, parroquia a la que pertenece, como anejo a efectos eclesiásticos, el lugar de Papoi en el que vive el que suscribe. A lo que iba. Ferrol Vello es el barrio origen de Ferrol. Era un pueblecito de marineros que contaba con unos 300 vecinos, que vivían de la pesca y el salazón. Andando el tiempo llegó a alojar la Pysbe, de manufacturación del bacalao, la fábrica de lápices Hispania, una fábrica de hielo y los laboratorios Beceiro que sacaban unos productos muy cotizados en su momento bajo el nombre de Gaviota, también los jabones Pucho. A principios del siglo pasado, concentraba los servicios de lanchas de pasaje a diversos puntos de la ría: Maniños, A Graña, A Cabana, Mugardos, O Seixo y Perlío. Incluso existía un servicio ¡diario! a la vecina ciudad coruñesa, en cuyo trayecto se invertían tres cuartos de hora y costaba una peseta. En los folletos festeros que conservo existe toda una literatura condensada en colaboraciones cortas que las comisiones organizadoras solicitaban a prestigiosas firmas. "Ferrol Viejo quintaesencia de la ciudad", "Ferrol Viejo y el mar", parafraseando el título de la conocida obra de Hemingway, "Ferrol viejo alumbró al gran Ferrol", "Única ventana al mar", "Viejo Ferrol en el Ferrol Viejo"...eran adjetivos y títulos de reflexiones que se prodigaban por diversos autores. Hoy Ferrol Vello es un barrio que reivindica su identidad como fachada marítima y demanda la recuperación de su patrimonio urbanístico, ahora que precisamente la Autoridad Marítima ha logrado que Ferrol sea escala de diversos cruceros de recreo y después de que, abolido el servicio militar obligatorio, dejasen de celebrarse aquellas juras de bandera de más de mil marineros que atraían a la ciudad periódicamente a numerosas familias y amigos que dejaban buenas divisas en la hostelería urbana y, fundamentalmente, de FerrolVello, por la proximidad con el Cuartel de Instrucción.