jueves, 19 de septiembre de 2013

La costa ferrolana y sus "cañones de Navarone", 80 años después

Capa del cuaderno editado por el Club de Prensa de Ferrol



Las piezas en su ascenso, por medio de una vía
 portátil, en el tramo de la hoy conocida
como Avenida do Rei
En  el próximo mes de diciembre se cumplirán ochenta años del artillado definitivo de los cañones Vickers 38.1 que se llegaron a instalar en el frente marítimo de Ferrol-Coruña. Nunca llegaron a entrar en combate, no obstante cuando se realizaban ejercicios, las estampidas eran espectaculares e incluso testimonios del vecindario de Covas -en el faro Prior se instalaron dos piezas- recuerdan que las casas sufrían unas enormes vibraciones, en algún caso con rotura de algunos ventanales. Téngase en cuenta que pesaban 227 toneladas dispuestas sobre una plataforma giratoria de 360 grados. Por el tubo de 17,6 metros de longitud se disparaban sus proyectiles de 875 kilos y 1,70 metros de altura que alcanzaban una distancia de 35 kilómetros. Eran las mismas piezas que fueron popularmente conocidas en la película "Los cañones de Navarone", si bien en este caso eran de menor tamaño. El Club de Prensa de Ferrol editó en el año 1996 el "Cuaderno FerrolAnalisis" dedicado a estos cañones, de la autoría del oficial del Ejército José López Hermida. Se trata de un magnífico documento de extraordinario valor que relata gráficamente el esfuerzo ingente que supuso trasladar las gigantescas piezas desde Ferrol a los puntos de destino, despertando la maniobra una gran expectación entre los ferrolanos. Para ello se utilizó una vía portátil, compuesta de 50 tramos rectos y 20 curvos que se asentaban sobre el firme de la carretera. El tren de transporte consistía en potentes tractores locomóviles, de 90 Tm, y varios trucks de 30 Tm. López Hermida escribe "estas enormes moles de acero eran sin duda las grandes estrellas del plan de artillado, destinados a convertirse en los más temibles guardianes de la costa ante cualquier veleidad de un ataque naval". Las piezas respondían a un contrato con la firma inglesa Vickers Limited fechado el 24 de junio de 1927 en virtu del cual España adquiría diez cañones, ocho de los cuales fueron instalados en Campelo Alto, Cabo Prior, Lobateiras y Monte de San Pedro (A Coruña). Sería en el 1929 cuando son descargadas y en los meses siguientes trasladadas a los citados lugares, pero no sería hasta 1933 en que se hacen las pruebas pertinentes con entrada en servicio con una dotación por batería de "1 sargento, 20 hombres y 6 miembros del personal auxiliar", relata López Hermida. Solo resta añadir que de los ocho cañones únicamente fue recuperado el cañón  y entorno del Monte de San Pedro de A Coruña, en donde se construyó un mirador, el resto pasaron a convertirse en chatarra, como hace ya 17 años denunciaba el autor del documento.