sábado, 13 de abril de 2013

Homenaje a un hombre bueno y generoso

El profesor e historiador Bernardo Máiz
ayer, en el uso de la palabra

Allí, en la iglesia del Socorro, al pie mismo del Cristo de los Navegantes, un nutrido grupo de ciudadanos rindieron ayer memoria al sociólogo y excura de la parroquia mencionada, Bernardo García Cendán. El acto fue organizado y diseñado por el cura Xaquín Campo Freire a su imagen y semejanza. Sentado en una mesa muy cerca del altar, micro en ristre, Campo Freire actuó de maestro de ceremonias, dio juego, dio palabras, recitó, presentó, nada se escapó a su control, únicamente los tiempos, ya que los cinco minutos "per capita" reglamentados saltaron, en algunos casos, por el aire. Xaquín quiso que se celebrase en el templo en el que García Cendán desarrolló su labor pastoral, aunque el desaparecido vilalbés ejercía en la iglesia y en la calle, en los escenarios culturales, sociales, obreros, familias pobres... El discurso no fue monocorde hubo intervenciones de fieles, agnósticos (entre los cuales me incluso) y ateos que, en este último caso, destacaron por encima de sus creencias y no creencias, el lado humano y ético del cura Bernardo que, por cierto, acabó secularizándose e impartiendo docencia en la campus universitario de Lugo. En el auditorio, familiares del homenajeado a título póstumo, que agradecieron las muestras de reconocimiento y cariño. Antiguos feligreses, un pequeño coro e intervenciones musicales de los artistas María Manuela y Manolo Bacallao que cerraron el acto con el Grândola Vila Morena luso, coreado por muchos de los presentes. A mi, como condiscípulo de Bernardo García, me encomendó el organizador que hablase del seminario que nos encontramos. Fue una visión crítica: eran los años cincuenta, tiempos de Concordato y Franco bajo palio. La formación que recibíamos era absolutamente integrista, aunque en el plano humanístico, aprovechable en algunos valores como el fomento del pensamiento crítico con la injusticia social, el sentimiento solidario y el respeto a la persona como eje de convivencia. Sociólogos, como Xosé Leira, historiadores como Bernardo Máiz, veteranos compañeros de sacerdocio, miembros de la revista Encrucillada, editora del libro Unha alborada nova, todos amigos de García Cendán, un hombre que transmitía paz y serenidad. Como dijo la doctora Carmen Solloso, que lo trató en su enfermedad, era imposible, con aquel carácter dulce y apacible, no caer en las redes de su amistad. Permanecerá en la memoria colectiva de Ferrol, su ciudad de adopción.