miércoles, 16 de abril de 2014

Semana Santa ferrolana: entre la Pasión de Jesús y el calvario del desempleo, entre el rito y la realidad

Con 100.000 euros de presupuesto, salidos de la Diputación Provincial de A Coruña y del Ayuntamiento de Ferrol, estrenando la categoría de Fiesta de Interés Turístico Internacional, la Semana Santa ferrolana convoca a más de 200. 000 personas, que es casi la población de Ferrolterra. Es obvio que esta arraigada tradición se alza como un reclamo de interés económico, con independencia de fervores y pasiones. En el fenómeno, que se transmite de generación en generación, participan creyentes y laicos. Unos ven representado la agonía de Jesús y otros admiran el espectáculo de arte y cultura. Pero unos y otros se constituyen día tras día en público entregado, dinamizan el ambiente y movilizan las divisas de manera especial en el sector de la hostelería. Sin duda, es digno de subrayar el esplendor que la Semana Santa ferrolana, que hunde sus raíces en el siglo XVIII,  ha ido cobrando en las últimas décadas, tras el advenimiento de la democracia. Del año 1987 a esta parte, los desfiles procesionales pasaron de trece a veinticinco, doblaron también la afluencia de fieles y seguidores en las calles y plazas, entonces eran 100.000, según los cálculos que obran en las hemerotecas, y su presupuesto pasó de seis millones de pesetas, es decir, 36.000 euros a 100.000, casi diecisiete millones de las antiguas pesetas. Por aquellas fechas empezó siendo catalogada por la Junta Central de Cofradías  como la mejor del Norte de España hasta llegar al 1995 que es declarada de interés turístico nacional  y ahora internacional. El acontecimiento, del que se han puesto en circulación 25.000 programas de mano, está rodeado de otras actividades como es el ya tradicional salón del caballo "Equiocio", y la ruta de la construcción naval, con visitas guiadas.  Y si hemos de hablar de la Semana Santa ferrolana como un hecho cultural y religioso no debemos olvidar el contexto social en el que transcurre, marcado por el calvario del desempleo que sufre la población Ferrol y comarca a causa de la inactividad de sus astilleros. Pasión para vivirla según creencias y costumbres y vía crucis para miles de familias afectadas por la crisis del sector naval. Del esplendor de las procesiones que itineran por calles y plazas a la angustia de las manifestaciones populares que discurren por parecidos trayectos, en este caso envueltas en el grito de la desesperación porque no hay trabajo. Es lo que va del rito a la realidad.