domingo, 2 de junio de 2013

Acto imborrable





Luis Mera al centro, flanqueado por miembros de la
comisión organizadora del homenaje. Siro y el autor del
blog, por la izquierda y Ana Romero y Ponte Far, por la
derecha. Falta Manuel Patinha
Como miembro de la comisión organizadora expreso mi enorme satisfacción. El homenaje a Luís Mera ha sido un acto de manifestación cívica que colmó la sede de la Fundación Novacaixagalicia no sólo de amigas y amigos del agasajado sino de emociones y sentimientos. En el ambiente -y uno estaba encima del escenario para percibirlo- había una comunión total de la concurrencia con el protagonista principal. El acto duró ¡dos horas y cuarto! y nadie se movió de la butaca hasta que el Grupo de Metales echó el telón. Las prolongadas ovaciones que el respetable (unas trescientas personas, todas las plazas ocupadas y decenas de personas de pie) le dedicó a Luís Mera fueron sintomáticas. Tengo que confesar que he quedado impresionado del ejercicio de fortaleza de ánimo, de entereza, de valentía que mostró el amigo homenajeado, que no tuvo inconveniente, en su discurso de agradecimiento, en poner sobre el tapete su quebrada salud -un cáncer al que explícitamente se refirió- para dejar claro que la cruda y dura realidad de un diagnóstico no lo amedrentaba y que seguiría luchando sin desmayo contra la enfermedad. Fue un pasaje que tensionó los puentes de conexión que, desde el principio, estaban tendidos entre en el auditorio y Luís Mera. Pero todo se desarrolló dentro de emociones contenidas porque el propio homenajeado se encargó de construir un discurso marcando las necesarias distancias, con un lenguaje sobrio y culto desprovisto de recursos fáciles que pudieran desbordar la sensibilidad de los presentes. Algo así como si hablara de una tercera persona. En general, fue un acto de nota diez, con intervenciones muy brillantes, diseñado muy al gusto del agasajado -lo mismo que el formidable repertorio del Grupo de Metales Santa Cecilia, cuya actuación fue largamente aplaudida- con la combinación de la literatura, arte y música, sin excluir el momento humano en el que tuvo un peso específico la familia de Luís Mera y los amigos. Una velada cálida, emotiva e imborrable.