martes, 26 de febrero de 2013

La reflexión del día después


Todavía quedaba otro tanto por la espalda del fotógrafo que lanzó el objetivo
 hacia el horizonte de la calle del Sol por la que discurría la gran movilización
Ferrol y su comarcan ha demostrado que quien tuvo retuvo. Me refiero a la capacidad de movilización ciudadana puesta de manifiesto el pasado domingo. Uno, que ya es "veterano de guerra", al ver la ingente columna de personas de este día, revivió manifestaciones multitudinarias de los tiempos del desmantelamiento industrial, cuando las heridas estaban frescas, cuando el drama de la pérdida de miles de puestos de trabajo estaba caliente. Sabía que el carácter unitario daba caché a la convocatoria del domingo, pero aún así no me imaginaba que podrían asistir decenas de miles de convecinos como he visto con mis propios ojos. Y no me lo imaginaba porque Ferrolterra ha venido sufriendo un severo desgaste desde hace tres décadas, que se dice pronto. Han sido muchas huelgas generales, comarcales, concentraciones, manifestaciones, encierros...y si se hace balance de los resultados de tantas y tantas protestas no puede sino dibujarse un rictus de tristeza y desazón. Algunas conquistas puntuales y poco más. Pues, a pesar de eso, la gente respondió masivamente a la convocatoria y ese es un signo evidente de que, de nuevo, tenemos el agua al cuello. Es una vuelta de tuerca más de una larga y profunda crisis que remonta sus orígenes a los años ochenta. Toda una generación que lleva a cuestas el estigma de la mal llamada Reconversión. En la antigua Astano crece la hierba desde tiempo atrás y en la antigua Bazán no tardará en germinar porque se acabó la carga de trabajo. Como es habitual, la pregunta surge el día después de una gran marcha ciudadana como la del domingo. ¿Ahora qué? Los ciudadanos han puesto su grano de arena. Y de manera bien visible. Solo falta que esta acción reivindicativa se rentabilice, obtenga su fruto, que no caiga en saco roto. Parece que los alcaldes de la comarca se disponen a desplazarse a Madrid y hacerse oír en la SEPI (Sociedad de Participaciones Industriales). Pero, claro, si esos señores ya nos han dicho que no hay nada que hacer, aunque al ministro Montoro le han debido de decir otra cosa porque anunció que pronto se estaría cortando chapa en los astilleros ferrolanos, no sabe uno  qué expectativas pueden cernirse sobre este golpe de efecto de los regidores. Lo normal es que a los ejecutivos de la SEPI ya los hubieran destituido por ineptos. Y esa es la gran contradicción que se le presenta al alcalde ferrolano que convoca y se mete en la manifestación cuando los destinatarios de la protesta son los políticos gobernantes de su propio partido. Es de valorar el gesto, todo hay que decirlo, pero ya que se trata de un "gobierno amigo", es insuficiente y habrá que dar un puñetazo en la mesa y enseñar más los dientes, de lo contrario el viaje a Madrid puede acabar, una vez más, en frustración colectiva.